La Habana. Científicos cubanos profundizan hoy las investigaciones sobre el efecto de un medicamento homeopático cubano contra el cáncer, que se genera a partir del veneno del escorpión por el Grupo Empresarial de Producciones Biofarmacéuticas y Químicas (Labiofam).

El "Vidatox 30 CH" es un fármaco homeopático que tiene como principio activo el veneno del escorpión Rhopalurus junceus, un animal endémico de Cuba que es aprovechado por el habanero Laboratorio Labiofam, presente en la XXX Feria Internacional de La Habana, que sesiona en un recinto ferial al sur de la capital cubana.

El medicamento "es un producto con propiedades analgésicas, antiinflamatorias y antitumorales aplicado con éxito desde hace cuatro años en seres humanos, luego de ser experimentado en modelos biológicos".

El director de Labiofam, José Antonio Fraga, explicó que el "Vidatox 30 CH" constituye una alternativa terapéutica en la oncología desde la atención primaria de salud, cuya acción influye de manera positiva en la calidad de vida de pacientes menores de 15 años de edad con tumores cerebrales.

En el II Congreso Internacional y Simposio de Productos Naturales en la Terapia contra el Cáncer hace dos meses en La Habana, se presentaron los positivos resultados de un estudio en siete pacientes, en quienes se examinó el comportamiento físico-neurológico y estado de las dimensiones tumorales a partir del suministro del fármaco.

En ese sentido, Fraga puntualizó la importancia de adoptar soluciones terapéuticas y también profilácticas con base en el enfoque sobre las predisposiciones genéticas de las personas, particularmente, en casos de las enfermedades cancerígenas.

La neuróloga Martha Ríos, especialista de un hospital pediátrico habanero, ofreció buenos pronósticos sobre esa alternativa terapéutica, que modificó de manera beneficiosa la calidad y la sobrevida de los pacientes, aunque señaló que se requerirá de estudios más complejos, de acuerdo con los resultados de la pesquisa.

Según los expertos, el compuesto puede ser empleado en el tratamiento de todo tipo de cáncer, fundamentalmente en las variedades de mama, hígado, cerebro, próstata y pulmón, para mejorar la calidad de vida, aumentar la supervivencia del enfermo y evitar las metástasis.

Los investigadores afirman haber constatado que luego del empleo del medicamento, hay una disminución notable de las manifestaciones físicas que tienen los enfermos con tumores pulmonares, a quienes se les afecta la función respiratoria cuando hacen ejercicios y padecen de tos y de frecuentes crisis de dolor.

El "Vidatox 30 CH" puede usarse sólo o como complemento de las terapias oncoespecíficas, aunque en combinación con las quimio y radioterapias se evidencia una reducción de los efectos adversos y una potenciación de la respuesta al tratamiento.

Los estudios sobre el veneno de escorpión comenzaron en Cuba a fines de los años 80 del pasado siglo, en Guantánamo, provincia del extremo oriental de la isla, donde un grupo de biólogos y médicos se interesaron en las propiedades que atribuían los campesinos al veneno del escorpión.

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El animal es conocido por los campesinos como alacrán colorado, por su tono a simple vista, pero los investigadores comenzaron a llamarlo alacrán azul, por los cambios de coloración al exponerse a la luz artificial.

La primera revelación pública fue hecha por el biólogo cubano Misael Bordier, uno de los investigadores iniciales, quien a fines del 2001 realizó una visita de trabajo a la Universidad Nacional Autónoma de México y dio a conocer sus avances en una revista especializada.

Bordier falleció en 2005, pero desde un año antes la Oficina Cubana de Propiedad Industrial había concedido a Labiofam los derechos de explotación de la patente asociada al veneno del Rophalorus junceus.

Desde ese momento, la empresa farmacéutica estatal dirige la investigación, en la que han participado el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí y la Universidad de La Habana.

Labiofam tiene ahora criaderos del animal en todo el país, con unos 5.000 ejemplares en cada alacranario, donde viven dos años y se les extrae el veneno cada 21 días, pero que resultan insuficientes para el desarrollo sostenible del producto, por lo cual se requieren opciones tecnológicas.