Quito. A una semana del terremoto que sacudió Ecuador, con saldo de al menos 646 muertos, miles de heridos y una estela de destrucción, los ciudadanos intentan volver a la normalidad, todavía nerviosos y angustiados por las réplicas del sismo de 7,8 grados.

El movimiento telúrico, el peor de las últimas siete décadas, causó grandes daños en los balnearios costeros de Cojimíes y de Pedernales (norte), en la provincia de Manabí (oeste), y en la provincia de Esmeraldas (norte).

La devastación que causó la catástrofe se concentra justamente en varias poblaciones de esas dos provincias de la costa del Pacífico ecuatoriano, muy turísticas y populares por sus playas.

El presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien personalmente constató los daños en las zonas afectadas durante esta semana, señaló que la mayoría de poblados están destrozados y que el país está "en crisis".

"La esperanza no la podemos perder, hoy más que nunca la esperanza en alto, la voluntad de superar estos momentos más difíciles", dijo Correa este sábado en su informe semanal de labores desde el Servicio Integrado de Seguridad ECU 911 en Quito.

Según el último balance oficial del gobierno, se contabilizan 646 víctimas mortales, 12.499 heridos, 130 desaparecidos y 26.091 personas albergadas.

El gobierno, a través de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades) informó este sábado que la reconstrucción tan solo de la infraestructura residencial afectada (viviendas, hospitales, escuelas) costará más de 1.300 millones de dólares.

La titular de la Senplades, Sandra Naranjo, dijo que se trata de "una primera aproximación", ya que la cifra final se conocerá en seis semanas, luego de que concluyan valoraciones técnicas con organismos internacionales.

La Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) y la ONU asesoran al país en esta materia.

El presidente Correa agregó que la cifra "va a subir", debido a que faltan por evaluar los daños en la infraestructura de alcantarrillado y agua potable.

Una evaluación oficial realizada en 10 ciudades de Manabí arrojó que más de un millón de personas estuvieron expuestas al terremoto, de las cuales el 42,3 por ciento ya estaba en condiciones de pobreza.

El estudio mostró que el 70 por ciento de las viviendas eran vulnerables y presentaban fallas y materiales débiles, mientras que otras eran irrecuperables.

 La Senplades determinó que en Manabí unas 6.600 viviendas fueron afectadas y serán derivadas, además, sufrieron daños 6.622 edificaciones de salud y 281 instituciones educativas.

También resultaron dañadas 71 kilómetros de vías y se perdieron 7.081 kilómetros de tendido eléctrico y 180 estaciones móviles de comunicaciones.