Abu Ghraib. Estados Unidos entregó el sábado el control de todas sus operaciones de combate a las fuerzas de seguridad iraquíes, en una nueva señal de que su repliegue está en camino pese al estancamiento político en Bagdad y al reciente aumento de la violencia.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo el lunes que mantendría su promesa de terminar las operaciones de combate en Irak el 31 de agosto, dejando la seguridad en manos del Ejército y policía locales entrenados por estadounidenses.

"Hoy es un día extremadamente importante mientras continuamos el avance para pasar la plena responsabilidad a las fuerzas de seguridad iraquíes", dijo a periodistas el general Raymond Odierno, alto comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, tras la ceremonia de despedida para la última brigada de combate estadounidense.

Siete años después de la invasión liderada por Estados Unidos para derrocar a Saddam Hussein, Washington reducirá el número de tropas en Irak a 50.000 para el 1 de septiembre, desde poco menos de 65.000 en la actualidad y cerca de 150.000 durante el punto más álgido del conflicto.

En la ceremonia, una división del Ejército iraquí mostró controles vehiculares y otras medidas de seguridad a menudo empleadas en el país, donde los ataques con bomba y otros atentados siguen siendo sucesos diarios, aunque la violencia ha disminuido desde que el conflicto alcanzó su nivel máximo en el 2006 y el 2007.

Aunque esta fue la última brigada de combate en entregar el control a las fuerzas iraquíes, aún quedarán seis unidades en el país antes de que todos los soldados estadounidenses de terreno se retiren para fines de mes.

Las seis brigadas de asesoría y asistencia, que entrarán en vigor desde el 1 de septiembre cuando Estados unidos pase formalmente a un rol de apoyo, entrenarán y respaldarán al Ejército y la policía de Irak.

Sin embargo, el fracaso de los partidos políticos de Irak en formar un Gobierno a cinco meses de las elecciones ha creado un vacío de poder potencialmente vulnerable a tensiones sectarias y dejó a muchos iraquíes preocupados sobre la capacidad de las fuerzas locales para mantener la seguridad.

En julio se produjo un marcado incremento de los ataques de rebeldes, avivando los temores de que los insurgentes estén intentando tomar ventaja de la situación política para fomentar la violencia sectaria.