El Cairo. El electricista Hassan Ibrahim, padre de tres niños, espera que la revolución en Egipto acelere la llegada del día en que ya no viva con temor a que él o su familia pasen hambre.

El 28 de enero, se sumó a los millones de manifestantes en las calles de todo Egipto, país de uno de los más rápidos índices inflacionarios, en una revuelta que derrocó al presidente Hosni Mubarak.

Pero por ahora, Ibrahim encuentra que la vida es más dura que antes.

Días de júbilo siguieron a la renuncia de Mubarak a fines de febrero pero los egipcios que buscan reabastecerse de alimentos ahora están encontrando góndolas vacías o precios enormemente inflados.

Los precios de alimentos y bebidas ya aumentaron un 18% en enero respecto del mismo mes del año pasado mientras que el salario de Ibrahim se mantuvo igual.

Mientras los manifestantes cantaban para que Mubarak dejara el poder, otros llenaban carritos de compra con provisiones de emergencia y arrastraban bolsas llenas de porotos negros, el ingrediente básico del país, a casa desde los mercados antes del toque de queda nocturno.

"Los precios subieron aún más en los días de protestas", dijo Ibrahim.

Este es un dolor de cabeza adicional para las autoridades ansiosas por restaurar la confianza en una economía golpeada por huelgas y cierres de bancos.

La presión por garantizar el abastecimiento de alimentos es enorme dada la historia de Egipto de esporádicos saqueos de pan que en ocasiones han llevado a la intervención del Ejército para garantizar la calma o distribuir suministros.

Egipto depende de las importaciones para al menos la mitad de su consumo local y la revolución tuvo lugar cuando los precios mundiales de los alimentos, según un seguimiento de una agencia de la ONU, llegó en enero al máximo registrado.

Los compradores dijeron que el último aumento de precios se dio en medio de una fiebre de compras de productos básicos por temor a una futura escasez. Los comerciantes además culpan al aumento de costos del transporte.

"Los precios han subido tanto para comerciantes como para compradores. Ahora transportar mis productos desde las granjas a la ciudad me cuesta más, y debo trasladarlo a los precios", dijo Omm Mahmoud, quien vende fruta y verdura en un suburbio de El Cairo.

Si los precios no son un problema, entonces lo es el abastecimiento.

"En los comercios estatales los precios de los alimentos son razonables pero las existencias no alcanzan. Se quedan sin productos rápidamente, de modo que tengo que hacer el resto de mis compras en tiendas que cobran el doble", dijo Magda Hussein, una ama de casa de 53 años.

Al igual que otros manifestantes, Ibrahim culpa por el alto costo de vida a Mubarak, quien gobernó un país donde un quinto de la población vive con menos de 2 dólares al día, según Naciones Unidas.

Ibrahim llevó a sus hijos a la Plaza Tahrir (de la Liberación), el corazón de la revolución de El Cairo, varias veces para que aprendieran el valor de la democracia.

"Se que el costo de vida y el desempleo podrían aumentar, pero ese es un precio que estoy dispuesto a pagar por el éxito de la revolución. Quiero que mis hijos vivan en un país libre", afirmó.

Sufrimiento que durará. John Sfakianakis, economista en jefe de Banque Saudi Fransi, dijo que Mubarak cayó debido a la creciente desigualdad, el alto desempleo y la muy elevada inflación.

"La inflación de los alimentos seguirá siendo la mayor preocupación. La gente (...) tal vez no se comprará un automóvil pero tendrá que comer", dijo el economista.

Es probable que los precios mundiales permanezcan altos tras una enorme tormenta de nieve en Estados Unidos e inundaciones en Australia.

El banco de inversiones Beltone indicó que era probable que continuara el sufrimiento en Egipto. "Este marcado aumento de precios seguirá tal vez en los meses subsiguientes, si bien dependerá en gran medida de cómo se desarrolle la situación política", decía en una nota.

Sfakianakis espera que la inflación de los alimentos en Egipto continúe aumentando en 2011 hasta llegar a 20% en el año móvil, y dijo que al país le resultará difícil reducir los precios porque a nivel mundial es probable que este año permanezcan altos.

"Creemos que el precio mundial de los alimentos contribuirá a las presiones inflacionarias, si bien el Gobierno seguirá incrementando los subsidios cuando lo necesite sobre productos básicos para mantener los precios estables", dijo el banco de inversión EFG-Hermes.