Manama.
El ejército tomó el control de Manama este jueves después de que la policía bahreiní disolvió más temprano un campamento de protesta en una plaza de la capital, dando muerte al menos a tres personas y dejando 231 heridos, en la peor violencia en el reino en décadas.

La policía despejó la plaza Pearl, donde manifestantes principalmente chiíes demandaban un mayor poder de decisión en el reino isla donde una familia de suníes gobierna a una población de mayoría chií.

"Esto es una atrocidad", dijo Abdul Jalil Khalil, un destacado miembro del principal partido chií, Wefaq. "El que haya tomado la decisión de atacar la protesta tenía la intención de matar", agregó.

La represión de las autoridades bahreiníes pareció diseñada para aplacar las protestas antes de que cobren impulso, como ocurrió con las revueltas que derrocaron al presidente egipcio Hosni Mubarak.

Inspirados en los levantamientos populares en Túnez y Egipto, los disturbios en Bahréin, donde tiene su base la quinta flota de la marina estadounidense, alarman a Arabia Saudita y Estados Unidos, que consideran a la dinastía al-Khalifa como un baluarte contra la nación chií Irán.

"No digo que Bahréin esté el borde (pero) si queda en evidencia que el régimen está en peligro, los saudíes van a intervenir", dijo Gala Riani, analista de Oriente Medio de IHS Global Insight, en Londres.

Los ministros de Relaciones Exteriores del Golfo Arabe tenían previsto reunirse más tarde en Manama para discutir la turbulencia de los últimos días en Bahrein, donde la mayoría chií está irritada con la dirigencia suní.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, instó a las autoridades a no usar la violencia contra los manifestantes y dijo que los responsables de la represión deben ser llevados a la justicia. "Los reportes de la madrugada en Bahréin son muy perturbadores", dijo a periodistas.

El bloque chií Wefaq, que tiene 17 escaños en el Parlamento de 40 miembros, planeaba retirarse de la asamblea en señal de protesta.

El legislador Ibrahim Mattar sostuvo que su agrupación y otras seis demandaron que el gobierno renuncie y ceda el espacio a un nuevo gabinete de unidad nacional.

Los manifestantes quieren que la familia gobernante suní ceda parte del control sobre los principales puestos del gobierno y aborde los reclamos de los chiíes por las dificultades económicas, la falta de libertad política y la discriminación laboral en el empleo público y el ejército.

"La pregunta es si podrán implementar una reforma general, limitando el poder del rey y demás. Si hacen eso, a largo plazo estarán poniendo su propia hegemonía y dominación suní en riesgo", dijo Riana, agregando que las autoridades tienen una larga experiencia en lidiar con el descontento.