Bengasi. Los dirigentes mundiales han condenado la represión del líder libio, Muammar Gaddafi, contra una revuelta que ha dividido al país norteafricano, pero han adoptado pocas medidas para detener el derramamiento de sangre en el último levantamiento en el mundo árabe.

El presidente estadounidense, Barack Obama, hizo este martes sus primeras declaraciones públicas sobre la represión, calificando de "vergonzosos" e "inaceptables" los ataques contra manifestantes, en los que se han producido centenares de muertos en diez días y que han ayudado a impulsar los precios del petróleo a niveles que amenazan la recuperación económica mundial.

A pesar de ello, parece haber poca cohesión y urgencia para una respuesta global, aún cuando Estados Unidos y la Unión Europea hablaron de posibles sanciones contra el hombre que lleva 41 años en el poder en Libia.

"Es imperativo que los países y los pueblos del mundo hablen con una voz", dijo Obama. "El sufrimiento y el derramamiento de sangre es vergonzoso".

Las exportaciones de petróleo que Gaddafi usó para poner fin a su aislamiento en la década pasada le han dado los medios para resistirse a la suerte de sus vecinos inmediatos, los presidentes de Túnez y Egipto, que fueron derrocados por revueltas populares en las últimas semanas.

Hasta 1.000 personas podrían haber muerto en Libia, dijo el ministro de Asuntos Exteriores de Italia. Relatos no confirmados indicaron que soldados y mercenarios africanos dispararon contra los manifestantes en la nación desértica que bombea casi un dos por ciento de la producción mundial de crudo.

Como en otras partes del mundo árabe, los manifestantes en Libia parecían estar impulsados principalmente por la frustración con la opresión política y las dificultades económicas, y son en gran parte laicos.

Pero este jueves, la rama de Al Qaeda en el norte de África expresó su apoyo a la causa de los sublevados, instándolos a "continuar su lucha y revolución y a escalarla para derrocar al tirano criminal", de acuerdo con el Grupo de inteligencia SITE.

La postura desafiante de Gaddafi se ha apoyo en el despliegue de aviones que han realizado misiones de bombardeo y sus fuerzas parecen tener el control del oeste del país. Las áreas orientales, donde se concentra gran parte del petróleo, están fuera de su dominio y con la deserción de fuerzas de seguridad para unirse a los manifestantes, no está claro cuánto tiempo podrá mantenerse Gaddafi en el poder.

Miles de extranjeros - desde médicos a empleados de empresas petroleras - huyeron de Libia a través de sus puertos y fronteras en evacuaciones masivas de urgencia. Un trabajador británico instó a Londres a rescatar a decenas de compatriotas que están abandonados en campos petroleros en el desierto, diciendo que habitantes armados de los pueblos cercanos robaron sus automóviles y suministros.

En ciudades como Bengasi y Tobruk, los soldados y policías se han retirado o sumado a los grupos de oposición que comienzan a proveer cierto orden y servicios.

Esa ola podría haber llegado hasta Misrata, una ciudad a unos 200 kilómetros al este de Trípoli, donde un comunicado que supuestamente corresponde a abogados y jueces dijo que ellos, con la ayuda de oficiales militares "honestos", habían ayudado a apartar a los agentes del "régimen opresivo".

En Trípoli, que sigue cerrada a los medios internacionales, algunos habitantes dijeron que las calles estaban tranquilas pero que tenían miedo de salir a las calles por temor de recibir disparos de las fuerzas progubernamentales.

"No he oído disparos esta noche, a diferencia de los últimos días", dijo un vecino que vive cerca de la plaza Verde, en el centro de la capital. Además, indicó que simpatizantes de Gaddafi se han reunido en la plaza, que ha sido utilizada en las manifestaciones antigubernamentales.

"Son sobre todo jóvenes, pero también hay algunas mujeres mayores".

Marwan Mohamed, un tunecino que cruzó la frontera del oeste de Libia hacia su país, contó que "muchas personas tienen miedo de dejar sus hogares en Trípoli y hombres armados leales a Gaddafi están dando vueltas amenazando a las personas que se juntan en grupos".

Alegría en Bengasi. En Bengasi, cuna del levantamiento y lugar donde viven tribus tradicionalmente hostiles a Gaddafi, miles de personas salieron a las calles, lanzando fuegos artificiales y ondeando la bandera roja, negra y verde de la época anterior al golpe de estado del coronel en 1969.

"Hemos sufrido durante 41 años", dijo Hamida Muftah. "Gaddafi ha matado a la gente (...) Somos un país muy rico, pero la mayoría de la gente es más pobre".

Un responsable médico dijo que unas 320 personas murieron en esta ciudad desde que empezaron las protestas.

La riqueza petrolera ha hecho de Libia - un país poco poblado que va desde el Mediterráneo al desierto del Sáhara - un importante destino de las inversiones occidentales y permitido a Gaddafi hacer aliados potenciales en foros como la ONU.

Las diferencias entre las potencias mundiales sobre cómo responder, algunas motivadas por el temor a no poner en peligro la seguridad de los ciudadanos extranjeros atrapados en el país, parecen limitar la perspectiva de medidas internacionales inmediatas.

El Consejo de Seguridad acordó un comunicado el martes en el que pedía un fin de la violencia, pero diplomáticos dijeron que no es probable que se produzca una resolución formal que pida acciones de Naciones Unidas. Francia y Alemania están intentando que la UE estudie aplicar sanciones y han logrado un acuerdo. Algunos gobiernos, como el italiano, han advertido de los posibles problemas económicos si se interrumpen los suministros de petróleo y gas.

Uno de los hijos de Gaddafi, Saif al Islam, salió en la televisión estatal defendiendo a su padre y acusando a la prensa extranjera de desinformar sobre los acontecimientos en Libia.

"Los libios son víctimas del mayor chiste", afirmó. Su hermana Aisha apareció también en la televisión estatal para negar que hubiera huido a Malta.

Alrededor de 1,5 millones de extranjeros trabajan o se encuentran en Libia, y un tercio de los siete millones de habitantes son inmigrantes del África subsahariana.

"Es un éxodo bíblico", dijo el ministro italiano de Asuntos Exteriores, Franco Frattini", respecto a las perspectivas de emigración masiva.