El papa Benedicto XVI fue recibido el jueves en Madrid por centenares de miles de jóvenes católicos, a los que pidió que no se dejaran tentar por el hedonismo en una sociedad que, denunció, no está centrada en el ser humano sino en los beneficios económicos.

Benedicto XVI llegó por la mañana a España para unirse al medio millón de peregrinos que participarán hasta el domingo en las XXV Jornadas Mundiales de la Juventud, una cita que ha generado protestas por el coste económico en un momento en el que el país atraviesa serias dificultades económicas.

"Con vuestra presencia y la participación en las celebraciones, el nombre de Cristo resonará por todos los rincones de esta ilustre Villa", dijo el pontífice, de 84 años, a los peregrinos de más de 190 nacionalidades que abarrotaban la plaza de Cibeles en una calurosa tarde.

"Recemos para que su mensaje de esperanza y amor tenga eco también en el corazón de los que no creen o se han alejado de la Iglesia", añadió protegido del sol por un paraguas blanco, mientras caía agua vaporizada en el escenario.

El papa alemán no quiso alejarse de la actualidad económica y, en el avión que lo llevaba a España, denunció la ética económica imperante hoy día y consideró "perverso" que los jóvenes no puedan encontrar trabajo.

Bajo el lema "Arraigados y edificados en Cristo. Firmes en la fe", la XXVI Jornada Mundial de la Juventud se prolongará hasta el domingo, cuando culminará con una misa en Cuatro Vientos a la que se espera que acudan entre un millón y dos millones de personas.

"La economía no se puede medir por el máximo beneficio, sino por el bien común", dijo Joseph Ratzinger a la prensa en el avión.

La economía española está teniendo dificultades para dejar atrás una recesión que ha dejado a una de cada cinco personas en paro, muchas de ellas jóvenes, y el malestar por los recortes gubernamentales y la falta de perspectivas laborales impulsó el movimiento de los "indignados", contrarios al sistema económico y político imperante.

Ese malestar se revivió esta semana por los costes de la visita a España de Benedicto XVI, llegando a enfrentar el miércoles en la Puerta del Sol a peregrinos con manifestantes laicos y cristianos de base que consideraban un dispendio el gasto - que sitúan a en torno a los 100 millones de euros - en momentos de crisis.

Los organizadores de la JMJ dicen que no hay coste para el contribuyente por la visita papal y que, por el contrario, esta generará unos ingresos de 100 millones de euros.

Varios centenares de personas volvieron a esa plaza madrileña el jueves para denunciar en silencio la actuación policial de la víspera, cuando los agentes cargaron contra algunos de los miles de manifestantes que protestaban por el coste económico de la JMJ y que acabaron enfrentándose con peregrinos que abarrotaban Sol. Ocho personas fueron detenidas y 11 resultaron heridas.

"Creo que no hay que protestar, hay que construir. Hay que dar propuestas concretas de mejora, decir que no nos gusta el mundo es muy fácil. Lo que tenemos que hacer la juventud es construir siempre", dijo a Reuters Reyes Duro, de 32 años, voluntaria de Sevilla presente en Cibeles durante el recibimiento de los jóvenes al Papa.

Un mundo difícil sin Dios. Benedicto XVI, que recorrió en papamóvil calles del centro de Madrid engalanadas para la ocasión y repletas de fieles que querían ver de cerca a un pontífice que visita por tercera vez España, se refirió a la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperante a la que se enfrentan los jóvenes en el mundo de hoy, y dijo que, sin Dios, era difícil "sería arduo afrontar esos retos".

"Hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos", dijo el Papa ante gritos de "Esta es la juventud del Papa" y "Benedicto, Benedicto".

"Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios", añadió desde un escenario blanco levantado a los pies del ayuntamiento madrileño en Cibeles.

Antes de su discurso, cruzó a pie la Puerta de Alcalá junto a jóvenes de los cinco continentes.

Madrid ha quedado bloqueado ante la visita pastoral, con cortes de tráfico y un despliegue policial de 10.000 agentes, que incluirá más de 300 actividades culturales y religiosas y una docena de encuentros con el Papa para los cientos de miles de peregrinos que se han dado cita en la capital española.

El de la Plaza de Cibeles es el primer gran acto de un programa que incluye un vía crucis en el Paseo de Recoletos el viernes y una vigilia el sábado en el aeródromo de Cuatro Vientos.

Bajo el lema "Arraigados y edificados en Cristo. Firmes en la fe", la XXVI Jornada Mundial de la Juventud se prolongará hasta el domingo, cuando culminará con una misa en Cuatro Vientos a la que se espera que acudan entre un millón y dos millones de personas.