Knoppiesfonten. El grifo con agua corriente llegó al fin del apartheid en Sudáfrica, la electricidad se le sumó 14 años más tarde, pero los libros de texto para cada estudiante todavía no se ven en la escuela primaria de Knoppiesfontein.

Se trata de una de las casi 2.600 escuelas restantes creadas por granjeros blancos para albergar a los hijos de los peones hasta que estos pudieran trabajar en los campos, un símbolo del sistema educativo de la era de la segregación racial diseñado para separar a la mayoría negra en Sudáfrica.

Ubicada en campos cubiertos de polvo naranja producto del suelo arcilloso y en medio de ganado de pastoreo, la escuela además perdura como un símbolo de los 16 años de promesas no cumplidas después de que Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés) llegara al poder, terminando con el dominio de la minoría blanca.

El ANC exigió drásticas medidas para las escuelas rurales pero cambió poco en una década de vacilación, encerrando a otra generación de jóvenes negros en una vida de pobreza rural.

En las elecciones locales del año próximo, el presidente Jacob Zuma y su Gobierno podrían sufrir duros reveses si no consiguen convencer a los votantes de que están avanzando con las promesas básicas, incluyendo mejorar la educación, la principal prioridad del mandatario. "Incluso nuestros baños están en muy malas condiciones porque todavía estamos usando baños de pozo", dijo el director de la escuela, Fredah Mpai.

El recién conformado Ministerio de Educación Básica ha comenzado el largo y costoso proceso que ha transformado algunas de las escuelas rurales en lugares con personal calificado e infraestructura básica.

Durante la Copa del Mundo de fútbol organizada por Sudáfrica, Zuma puso un nuevo énfasis en la educación, realizando una cumbre educativa y conectando el evento para mejorar las escuelas locales.

Críticos dicen que el dinero gastado en estadios de fútbol habría sido mejor usado en la construcción de escuelas, que según cálculos del Gobierno tiene un atraso de 180.000 millones de rands (23.820 millones de dólares) en infraestructura para educación.

En Knoppiesfontein, a cerca de una hora de auto de Pretoria, los estudiantes están apiñados en clases de edad múltiple en el edificio principal, mientras el exceso de flujos más jóvenes son ubicados en chozas sin electricidad. Las escuelas rurales en otras partes están aún en peores condiciones en otras partes del país.

"El problema es el tiempo. Esperamos que ocurra pronto porque estamos en graves problemas", dijo Mpai, de la nueva iniciativa gubernamental.

Escuelas deterioradas, crecimiento atrasado. La educación constituye el mayor segmento del presupuesto sudafricano, que destina el 20 por ciento del gasto público de la mayor economía del continente, pero esa generosidad no ha dado lugar a drásticas mejoras en el sistema escolar o en las calificaciones.

La OECD sostuvo en un informe de esta semana que el país necesitaba mejorar su educación básica para competir con las naciones de Africa en crecimiento y los Estados ricos a nivel global.

"Si no nos hacemos cargo de la educación, entonces habremos fracasado en el abordaje del desarrollo del país", dijo el mes pasado Zuma, en un evento de Reuters Newsmaker en Johannesburgo.

Las escuelas rurales son conocidas oficialmente como "escuelas públicas en tierras privadas" y algunos educadores estiman que a ellas concurren al menos 15 por ciento de los 12,3 millones de estudiantes del país.

Una vez terminado el apartheid, se suponía que los distritos escolares provinciales debían llegar a acuerdos con los terratenientes, en su mayoría granjeros pero también con iglesias cristianas, para dirigir los centros educativos.

La mayoría de los terratenientes cumplieron, unos pocos convirtieron sus granjas en reservas de animales de caza para especies peligrosas, manteniendo a la vez las escuelas abiertas, y unos 800 todavía no han llegado a acuerdo alguno.

"Durante mucho tiempo, el ritmo de firma de dichos acuerdos ha sido muy lento. En consecuencia (...) el mantenimiento y la mejora en la infraestructura no sucedieron. Hoy, la apariencia de la mayoría de estas escuelas está en un estado lamentable", dijo Gerrit Goetzee, director de educación rural para el Ministerio de Educación Básica.

Hálito de esperanza. El Gobierno fue presionado para entrar en acción en el 2004, después de un duro informe de Human Rights Watch sobre las condiciones de las escuelas.

Coetzee dijo que el ministerio finalmente tiene un plan efectivo en curso para mejorar las escuelas rurales, que incluye cerrar establecimientos como el de Knoppiesfontein, una vez que los estudiantes estén preparados para el cambio y puedan ser enviados a mejores escuelas en las inmediaciones.

Una de la historias de éxito es la de la Escuela Primaria Boschkop, a unos 30 minutos de auto, donde los estudiantes disponen de pupitres, libros, aulas con electricidad y almuerzos calientes.

La escuela solía ser una cabaña de barro creada en 1953 por granjeros blancos que entregaban comida una vez a la semana. Ha sido reconstruida con dinero del Gobierno y donantes privados para ayudar a los aproximadamente 900 estudiantes que ahora son formados por 24 docentes.

El director Peter Masombuka ha estado en el cargo desde 1983, cuando tenía que trabajar en los campos después del día escolar. Ahora supervisa la instalación de un laboratorio de computación. "Ha habido mejoras. La pregunta es cómo se aceleran", sostuvo Coetzee.