Washington. La esposa de un contratista de ayuda estadounidense encarcelado en Cuba envió una carta al presidente Raúl Castro en la que expresa el arrepentimiento de su marido por su trabajo en la isla y dijo que la Casa Blanca ha hecho muy poco por conseguir su liberación.

En la carta, que Castro leyó pero no respondió, le pide que libere a su marido Alan Gross porque su hija recibió el diagnóstico de cáncer de mama y se le necesita en casa, dijo Judy Gross en una entrevista el fin de semana.

Alan Gross, quien trabajaba para una compañía del área de Washington contratado bajo un programa para promover la democracia en Cuba de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos, fue arrestado en el aeropuerto de La Habana el 3 de diciembre y ha estado detenido bajo sospecha de espionaje y subversión.

Judy Gross negó que él fuese un espía y dijo que el técnico de 61 años viajó a Cuba cinco veces el año pasado para dar acceso a internet a la comunidad judía en La Habana.

Funcionarios cubanos dicen que Gross cometió "graves crímenes" al entregar equipamiento restringido de comunicaciones satelitales a disidentes, aunque no se han presentado cargos legales.

Su detención ha estancado los esfuerzos de Washington por mejorar las relaciones con la isla de gobierno comunista.

Judy Gross criticó a la Casa Blanca por no hacer lo suficiente para buscar la liberación de su marido, a quien llamó un "peón" atrapado en una disputa ideológica de décadas entre Estados Unidos y Cuba. Dijo que no ha sabido nada del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

En una carta dirigida a Castro y fechada el 4 de agosto, escribió: "Reconozco hoy que al gobierno cubano podría no gustarle el tipo de trabajo que Alan estaba realizando en Cuba".

"Pero quiero que usted sepa que Alan ama al pueblo de Cuba, y él sólo quería ayudarlos. El nunca pretendió dañarlos a ellos, ni a su gobierno", afirmó.

La mujer dijo a Castro que su familia necesita a Gross en casa porque a su hija de 26 a años, cuyo nombre pidió que no se divulgase, se le diagnosticó cáncer en agosto y se está sometiendo a quimioterapia.

La única respuesta se dio en una reunión este mes con Jorge Alberto Bolaños, jefe de la Sección de Intereses Cubanos en Washington, quien ofreció visas a la madre e hija para visitar a Gross en Cuba. El funcionario dijo que el presidente Castro había leído la carta.

"León enjaulado". Cuba permitió a Judy Gross visitar a su marido a fines de julio en el Hospital Militar Finlay en La Habana, donde comparte una celda con dos cubanos, uno de los cuales es considerado por el contratista como un informante del gobierno. Ambos se reunieron durante tres días en una sala de visitas improvisada.

"El parecía un muerto caminando", dijo Judy respecto de la primera vez que vio a su fornido marido de 1,83 metros, quien había perdido 39 kilos en casi 11 meses de detención y caminaba encorvado.

"Sus pantalones y camisa eran demasiado grandes. Fue una impresión", agregó.

Gross arrastraba su pie derecho debido a un problema en un disco que necesitará de cirugía, sufre de artritis y tiene gota, ha desarrollado una úlcera debido al estrés y su dieta, afirmó su mujer.

"Durante mucho tiempo le mantuvieron la luz encendida toda la noche. El calor era insoportable", declaró. Luego de las quejas de diplomáticos de Estados Unidos, su celda ahora tiene aire acondicionado y un aparato de televisión en el que ve mucho béisbol.

Pero Judy regresó a casa para encontrarse con la noticia de la enfermedad de su hija y cuando se la comunicó a su marido, el quedó devastado.

"El se sintió totalmente impotente, incapaz de hacer nada por una hija en apuros. El se ha estresado mucho y está molesto con los cubanos. El se siente como un león enjaulado. El no se puede relajar. El siente que tiene que salir de allí", dijo su esposa.

Judy Gross estuvo tranquila y compuesta durante la mayor parte de la entrevista, pero luchó para contener las lágrimas cuando habló sobre su hija. Debido a temas económicos, ella vendió la casa del área de Washington que compartió con Alan y se ha mudado a un departamento.

Ausencia de la Casa Blanca. Ella elogió los esfuerzos del Departamento de Estado de Estados Unidos a nombre de su marido y se ha reunido con la secretaria de Estado Hillary Clinton.

El mes pasado, el secretario de Estado adjunto Arturo Valenzuela, el máximo diplomático de Estados Unidos en América Latina, se reunió con el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York en septiembre para presionar por su liberación.

Pero ella expresó su decepción con el presidente Barack Obama por no haber participado, aún cuando Alan Gross pasó cinco semanas realizando campaña en las zonas rurales de Virginia en favor de la elección de Obama.

"Ninguna llamada, ni siquiera un correo electrónico", dijo. La madre de 88 años de Alan Gross, Evelyn, le escribió a Obama y no recibió respuesta.

Judy Gross dijo que su marido ya estaría en casa si la Casa Blanca hubiese realizado el gesto correcto.

Ella cree que una medida pendiente que eliminaría las restricciones a los viajes de estadounidenses hacia la isla podría ayudar a su marido, pero dijo que la Casa Blanca la dejó en espera de cara a las elecciones legislativas del próximo mes.

Si bien el gobierno cubano no ha dicho qué quiere a cambio de la liberación de Gross, una fuente cercana al caso dijo que posiblemente quiere que Estados Unidos ponga fin a sus programas de ayuda en Cuba, que los líderes locales ven como intentos de subvertir al gobierno comunista.

"Creo que ellos quieren que se reconozca que su soberanía fue violada. Ellos ven al programa de democratización de Cuba de USAID como un intento por socavar su autoridad, y uno esperaría que ellos quisiesen que esa política cambiase", dijo la fuente.

En tanto, los cubanos retienen a Alan Gross como rehén para dar un ejemplo de un extranjero que rompió sus leyes, dijo su esposa.

"Si Alan hubiese pensado que le iba a pasar algo en Cuba, él no habría hecho esto. Siento que no se le explicaron bien los riesgos", sostuvo.