Bogotá. La mayor guerrilla de Colombia rechazó este domingo la invitación del gobierno a desmovilizarse y entregar las armas después de la muerte de su jefe militar en un bombardeo y anunció que continuará su lucha armada contra el Estado sin renunciar a una salida negociada.

Las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) negaron estar ad portas de la derrota militar, tal como dijeron el gobierno y analistas después de que su comandante militar, Jorge Suárez Briceño, alias "El Mono Jojoy" falleciera en un bombardeo en las selvas del departamento del Meta, al sureste del país, hace más de dos semanas.

La posición del grupo rebelde, considerado como una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, supone que una solución negociada al conflicto interno de más de 45 años que se registra en el país sudamericano será complicada y que por el contrario, podría intensificarse, de acuerdo con analistas.

"A los que hoy desde el gobierno, ebrios de triunfalismo nos conminan a la rendición, les respondemos (...) No, muchas gracias. En las FARC no tenemos alma de traidores, sino de patriotas y de revolucionarios", dijo el grupo en una declaración en la que retomó palabras de Jojoy antes de morir y que difundió a través de la agencia Anncol.

"Con la honestidad que corresponde a nuestro compromiso con el cambio social y la lealtad que le debemos a nuestro pueblo, le aseguramos, que no vamos a desistir después de más de 40 años de lucha, ni a aceptar una falsa paz", agregó el grupo rebelde.

Las FARC admitieron que Colombia necesita encontrar los caminos que conduzcan a poner fin a una guerra entre hermanos, senderos de reconciliación que lleven a acuerdos de paz, pero no a través de lo que llamaron "una paz falsa".

"Una paz entendida como rendición o entrega es una fantasía de la oligarquía y solo sería un crimen de lesa traición al pueblo y a sus históricos anhelos por alcanzar, al fin, la justicia social para todos", aseguraron.

Las FARC, el grupo rebelde activo más antiguo del continente, han sido debilitadas por una ofensiva militar que inició en el 2002 el ex presidente Alvaro Uribe, con el apoyo de Estados Unidos, y que continuó su sucesor y actual mandatario Juan Manuel Santos.

Pese a la muerte de varios de sus comandantes y la deserción de miles de combatientes, el grupo rebelde aún tiene capacidad de realizar ataques de gran impacto en apartadas zonas montañas y selváticas, e incluso en ciudades.

Las FARC, que dicen luchar por imponer un sistema socialista en este país de 44 millones de habitantes con marcadas diferencias entre ricos y pobres, son acusadas de obtener millonarios ingresos del narcotráfico y del secuestro para financiar su lucha armada.