Osh. Tropas de Kirguistán patrullaban este miércoles las humeantes calles de la ciudad de Osh, en el sur del país, para mantener una frágil paz entre los grupos étnicos tras días de violentos enfrentamientos.

Kirguistán, una ex república soviética de mayoría musulmana, ha estado al borde del caos desde que una revuelta en abril derrocó al presidente de este país de Asia Central dividido étnicamente y llevó al poder a un gobierno interino.

Los enfrentamientos de origen étnico entre uzbekos y kirguisos estallaron en el sur del país el 10 de junio y crecieron hasta la mayor ola de violencia vivida en el país en 20 años.

Al menos 179 personas murieron, principalmente en Osh, una ciudad de edificios de ladrillos de adobe de baja altura desarrollada al final de la era soviética cerca de la frontera con Uzbekistán.

Estados Unidos y Rusia han seguido de cerca la evolución de los acontecimientos, pues las dos potencias operan bases militares en Kirguistán.

La violencia ha cedido en los últimos días, pero se espera que un referéndum constitucional programado para la próxima semana avive las tensiones.

Durante la pasada noche aún se pudieron escuchar disparos en Osh, dijeron vecinos. "Muerte a los uzbekos", se leía en pintadas en rojo en las fachadas de algunas casas.

Salpicadas de automóviles y comercios incendiados, las calles de Osh parecían vacías de transeúntes. Las tropas patrullaban el área en vehículos blindados.

Un soldado kirguiso en un puesto de control, preguntado por una evaluación de la situación de seguridad, dijo: "Todo es relativo".

Responsabilidad. Rusia y Occidente temen que la violencia termine provocando un vacío de poder que puedan aprovechar milicias islamistas y las bandas del crimen organizado.

Analistas dicen que es muy probable que fracase cualquier intento de imponer un régimen islámico.

En la capital Biskek, las banderas ondeaban a media asta en honor a los que murieron en los choques étnicos. Uzbekos y kirguisos se han echado la culpa mutuamente.

"Por favor, parar esta sangría. Ya hay suficiente sangre", dijo Valery Chulkin, una residente de Biskek. "Lo que está pasando en el sur es increíble", agregó.

El nuevo gobierno ha acusado al depuesto presidente Kurmanbek Bakiyev, de la etnia kirguisa, de instigar la violencia. Bakiyev, exiliado en Bielorrusia, ha negado cualquier implicación.

El gobierno interino dice que está decidido a celebrar el referéndum el 27 de junio para votar cambios en la constitución que, dice, llevarán más democracia a Kirguistán. Pero si la violencia se desata de nuevo, será casi imposible organizar la votación.

Las autoridades han dicho que podría haber más violencia alrededor de Biskek, pero aclaran que cuenta con suficientes fuerzas para repeler cualquier ataque.

Lo ocurrido en el sur ha provocado la huida de 100.000 personas a Uzbekistán, y la mayoría se enfrenta a una escasez grave de agua y comida.

El Ejecutivo interino dijo que la cifra real de muertos podría ser mayor. El Comité Internacional de la Cruz Roja dice que muchos cadáveres estaban siendo enterrados antes de su identificación.

En la frontera uzbeka, cientos de refugiados se encontraban atrapados, incapaces de cruzar después de que Uzbekistán, que intenta hacer frente al creciente flujo de personas, cerrase parcialmente la frontera el lunes.

Estados Unidos dijo que un enviado especial de la administración viajaría el viernes a Biskek para celebrar consultas con las autoridades kirguisas.