Batilly. En una gran fábrica al este de Francia, un brazo robótico gigante despide chispas doradas en el aire cuando suelda el chasis de una camioneta para luego subirlo a una línea de producción que arma un vehículo cada dos minutos.

Esta planta de última generación de Renault en Batilly, Lorraine -una antigua región siderúrgica disputada por franceses y alemanes durante siglos- se encuentra en el frente del campo de batalla industrial de Europa.

La automotriz francesa ha invertido 150 millones de euros para modernizar su planta, en momentos en que busca ganar ventaja sobre sus rivales en Alemania, un centro industrial 80 kilómetros al este.

"Nuestro principal competidor es Mercedes y para lograr lo que hacemos aquí se necesitan dos fábricas: no solo dos líneas de producción, sino dos fábricas", dijo el gerente de planta Pierre Monflier.

Sin embargo, la tecnología de punta no puede compensar la carga sobre la competitividad producto del pesado sistema de bienestar social y laboral que han dejado a Francia luchando por recuperar su impulso a la vez que la economía alemana, basada en las exportaciones, ha logrado salir de la recesión.

Durante una década perdida para la otrora orgullosa industria francesa, sus exportaciones cayeron a apenas un 40 por ciento del volumen de las de Alemania, desde el 55 por ciento de hace 10 años, según un informe del Gobierno.

El estudio culpó a una decisión del anterior Gobierno socialista de imponer una semana laboral de 35 horas en el 2000 por el aumento de los costos laborales de Francia, justo cuando Alemania llevaba a cabo una reforma. Muchos en la industria concuerdan con esa opinión.

"Obviamente, es una desventaja comparado con lugares donde no rigen las 35 horas, como Alemania e Italia. Se necesitan tres trabajadores franceses por cada dos italianos", dijo Monflier de Renault.  

El Gobierno conservador de Francia quiere que la derogación de la semana laboral de 35 horas sea el lema de campaña del probable intento de reelección del presidente Nicolas Sarkozy en 2012.

En un esfuerzo por atender los desajustes económicos que desencadenaron la crisis de deuda de la zona euro, Francia además está respaldando una iniciativa alemana por un "pacto de competitividad" para incitar a que los 17 miembros del bloque ajusten sus cinturones y reformen sus mercados laborales.

Pero Sarkozy, cuyos índices de aprobación figuran cerca de mínimos récord de cara a los comicios del año que viene, ya está evitando duras reformas laborales.

"La eficacia de cualquier medida por mejorar la competitividad radica en que tenga fuerza. Francia ya ha descartado tocar el salario mínimo de modo que hay límites respecto de lo que puede hacer", dijo Gilles Moec, economista en jefe para Europa de Deutsche Bank.

Recorriendo cambios opuestos. A pesar de adoptar el euro en el 2002, Francia y Alemania han recorrido caminos opuestos en la última década. París apostó al consumo local, canalizando los ingresos de la productividad en un aumento de un quinto en el salario real que incentivó el gasto de consumo pero incrementó los costos laborales.

En Alemania, la unión monetaria significó un retorno al modelo exportador que había abandonado brevemente tras la unificación en 1990. Un paquete de reformas laborales y sociales de 2003-05 bajo el ex canciller Gerhard Schroder ayudó a cimentar la moderación y la competitividad salarial.

El salario galo, otrora una ventaja competitiva, superó al germano en el 2004, según el organismo comercial de presión MEDEF. El costo de la mano de obra en Francia ahora promedia los 37 euros por hora versus 30 en Alemania.

Durante la crisis, las firmas alemanas pudieron recortar los salarios para salvar puestos de trabajo y sus exportaciones se recuperaron con fuerza cuando la demanda global volvió a subir. En comparación, el déficit comercial de Francia empeoró cuando el consumo local se recuperó, llegando a 51.000 millones de euros en el 2010.

Muchos economistas afirman no obstante, que el debate politizado sobre la semana laboral de 35 horas elude el eje de la cuestión. Patrick Artus, economista en jefe del banco Natixis, dice que teniendo en cuenta el tiempo extra, las horas de trabajo de los franceses están a la par del promedio europeo de 41 horas semanales.

"Sin embargo, lo que llama la atención en Francia es que incluso durante una crisis los salarios siguieron aumentando un 3 por ciento al año. El mercado laboral es rígido y muy poco competitivo", dijo Artus.

Lo que subyace al problema del aumento salarial de Francia es el costo oculto de uno de los más generosos sistemas de bienestar social de Europa. El MEDEF dijo que por cada 100 euros del costo bruto de mano de obra de una firma en Francia, casi la mitad fue para cargas sociales el año pasado, versus 28 euros en Alemania.

Los comercios franceses están pidiéndole cada vez más a Sarkozy que siga el ejemplo de Berlín en el uso de impuesto al valor agregado para financiar el bienestar social.

El presidente atacó a Alemania por competencia desleal cuando elevó el IVA en el 2007, lo que le permitió mantener las cargas sociales de la mano de obra.

Sin embargo, dijo recientemente que está abierto a la idea de hacer lo mismo en Francia aunque enfatizó que este "no es el momento correcto", consciente de las elecciones del año que viene.

Su Gobierno en cambio prometió recortar impuestos al capital, en línea con Alemania, en un esfuerzo por atender las preocupaciones de los inversores.

Sondeos muestran que los salarios altos, las rígidas normas laborales y complejos impuestos desalientan a inversores extranjeros de llegar a Francia, a pesar de su buena infraestructura y capital humano.

La aerolínea de bajo costo Ryanair el año pasado decidió cerrar su única base francesa en Marsella después de una disputa con las autoridades sobre aportes al sistema social, aunque reanudó algunas rutas allí que usan personal que llega desde Irlanda y solo se queda una noche.

"Necesitamos que Francia sea más atractiva para los inversores. En 2010 mostramos que Francia era capaz de cambiar, de abandonar las prácticas que durante mucho tiempo habían frustrado la reforma", dijo recientemente la ministra de Finanzas Christine Lagarde, señalando el éxito del Gobierno en elevar la edad jubilatoria a pesar de las protestas del sindicato.