Trípoli. Tanques y francotiradores del gobierno libio defendían el lunes los últimos reductos de resistencia en Trípoli, luego de que los rebeldes llegaran al centro de la capital alentados por una multitud que anunciaba el fin de 42 años de Muammar Gaddafi en el poder.

El líder de 69 años, que instó a los civiles a tomar las armas contra las "ratas" rebeldes, dijo en una grabación de audio que estaba en la ciudad y que permanecería allí "hasta el final".

Pero había pocas señales de oposición popular a la ofensiva rebelde. En tanto, dos hijos del líder fueron capturados y no estaba claro el paradero de Gaddafi.

Corresponsales de Reuters dijeron que las fuerzas rebeldes buscaban a francotiradores de edificio en edificio. Tiroteos esporádicos y explosiones mantenían a los civiles dentro de sus hogares, esperando ansiosamente por el fin del enfrentamiento luego de un breve estallido de júbilo el domingo por la noche.

"Los revolucionarios están posicionados en varias partes de Trípoli (...) pero las fuerzas de Gaddafi están tratando de resistir", dijo un funcionario rebelde que se identificó como Abdulrahman.

Agregó que tanques del gobierno estaban en acción cerca del puerto mediterráneo de Trípoli y el complejo de Bab al-Aziziya de Gaddafi en el centro de la ciudad.

"Los francotiradores son el principal problema", dijo. "Hay un gran número de mártires", agregó.

Los líderes mundiales no dudan que, luego de seis meses de una revuelta muchas veces irregular respaldada por aviones de la OTAN, la a menudo dividida alianza rebelde esté a punto de tomar control del Estado del norte africano y sus extensas reservas del petróleo.

Algunos advirtieron sobre el riesgo de una guerra civil más prolongada y anárquica, que ha sido la más sangrienta de las revueltas de la Primavera Arabe iniciada en Túnez y Egipto.

Resistencia. La caída de Gaddafi podría dar un nuevo impulso a los grupos de oposición en Oriente Medio, especialmente en Siria.

"El tiempo se terminó", dijo Franco Frattini, ministro de Relaciones Exteriores de Italia, agregando que las fuerzas de Gaddafi ahora controlaban sólo entre el 10 y el 15 por ciento de la capital.

Laila Jawad, de 36 años, que trabaja como enfermera en Trípoli, dijo a Reuters: "Estamos a punto de librarnos del Gobierno del tirano. Es algo nuevo para mí. Estoy muy optimista. Alabado sea Dios".

La televisión estatal libia todavía parecía estar en manos de partidarios de Gaddafi.

"La moral de nuestras tropas es alta", dijo un presentador. Pero una programación infantil reemplazó las imágenes de Gaddafi y música marcial que habían dominado las transmisiones durante meses.

En una medida coordinada el sábado por células rebeldes en la capital y con asaltos desde varios frentes, Trípoli fue escenario de uno de los peores enfrentamientos de la guerra.

Un funcionario del gobierno dijo a Reuters que 376 personas de ambos bandos perdieron la vida y que alrededor de 1.000 resultaron heridas, aunque no estuvo claro qué tan actualizadas estaban las cifras.

Civiles se congregaron tarde el domingo en la Plaza Verde, un símbolo por largo tiempo del culto a la personalidad del líder, y ondearon banderas rebeldes. Algunos dijeron que rebautizarían el lugar como "Plaza de los Mártires".

Sin embargo, en la mañana del lunes el portavoz rebelde Nouri Echtiwi dijo que soldados en tanques y camionetas armadas con ametralladoras habían salido del complejo Bab al-Aziziya de Gaddafi.

"Ellos dispararon al azar a todas las direcciones cuando escuchaban tiroteos", declaró.

Llamados a la moderación. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y otros líderes occidentales instaron a Gaddafi a aceptar la derrota y se preparaban para trabajar con los rebeldes, aunque el futuro liderazgo en Libia seguía sin estar claro.

La Unión Europea, cuyos miembros habían resuelto disputas con Gaddafi en los últimos años a cambio de suministro energético, acogió la "nueva era" en Libia.

"Estamos atestiguando los últimos momentos del régimen de Gaddafi", dijo la jefa de Política Exterior de la UE, Catherine Ashton. La funcionaria instó a los rebeldes a evitar los derramamientos de sangre y a respetar los derechos humanos para avanzar rápidamente hacia una democracia.

Sudáfrica, una potencia líder en el continente a la cual Gaddafi debía buena parte de la solidez e influencia de Libia, negó que hubiera enviado un avión para el gobernante o que estuviera planeando acoger a un líder acusado de crímenes contra la humanidad por la Corte Penal Internacional.

El lunes aparecieron los primeros indicios de planes para restaurar la producción petrolera de Libia que ha sido la base de su economía.

Personal técnico de la estatal de energía italiana ENI arribó al país del norte de Africa para ver formas de reanudar las operaciones de las instalaciones de crudo, informó el ministro Frattini.

En China y Rusia, duros críticos de la ofensiva área lanzada por la OTAN en marzo en apoyo de la revuelta, funcionarios acordaron que Libia parecía ahora tener nuevos líderes. En Pekín, el Ministerio de Relaciones Exteriores sostuvo que respetaría la decisión del pueblo libio.

Dos de los hijos de Gaddafi, incluyendo Saif al-Islam que alguna vez fue visto como el aparente heredero y potencial amigo de Occidente, fueron capturados por los rebeldes. Pero el paradero del propio Gaddafi, uno de los líderes que más tiempo ha estado en el poder en el mundo, era desconocido.

Gaddafi dio a conocer una grabación de audio por la televisión estatal en la que llamó a los libios a luchar contra la revuelta.

"Temo que si no actuamos, quemarán Trípoli", afirmó. "No habrá más agua, alimentos, electricidad o libertad", aseguró el líder libio, reiterando que se quedaría en la capital "hasta el final".