El funeral de Estado en Beirut a un jefe de inteligencia libanés asesinado generó episodios de violencia este domingo cuando manifestantes indignados buscaron irrumpir en las oficinas del primer ministro Najib Mikati, lo que llevó a las fuerzas de seguridad a disparar al aire y lanzar gases lacrimógenos.

Las escaramuzas surgieron en medio de una creciente crisis política en el Líbano vinculada a la guerra civil que asola a la vecina Siria.

Líderes de la oposición han acusado a Siria de estar detrás del ataque con coche bomba que mató al brigadier general Wissam al-Hassan y dicen que Mikati es demasiado cercano al presidente sirio, Bashar al-Assad, y a su aliado libanés Hezbolá, que es parte del actual Gobierno de Beirut.

Miles de personas acudieron a la Plaza de los Mártires de Beirut para el funeral de Hassan, que también es usado para congregaciones políticas. La violencia emergió después de que un líder opositor exigiera la renuncia de Mikati para despejar el camino a negociaciones sobre la crisis.

Un grupo marchó hacia las oficinas del primer ministro, rebasó las barreras, las destruyó y lanzó piedras, botellas y varillas de acero arrancadas de la estructura contra los soldados y la policía.

Las fuerzas de seguridad respondieron disparando al aire y lanzando gases lacrimógenos, lo que obligó a algunos manifestantes a alejarse. No se reportaron heridos de inmediato pero de todas formas la violencia conmociona a un país que teme que el conflicto civil en Siria se propague a su territorio.

El líder opositor Saad a-Hariri instó a los manifestantes a refrenarse en sus protestas.

"Queremos paz, el Gobierno debería caer pero queremos que sea de una forma pacífica. Pido a quienes están en las calles que se retiren", dijo Hariri a sus partidarios a través del canal de televisión Futuro.

Recuerdos de la guerra civil. Sin embargo, al caer la noche grupos de jóvenes bloquearon la carretera que lleva al aeropuerto internacional con pilas de neumáticos en llamas. La autopista al sur hacia Sidon también estaba cortada.

Hombres armados suníes en los suburbios de Beirut establecieron puestos de control y estaban examinando la documentación de las personas, un recordatorio de los días de guerra civil que sufrió el Líbano.

Los hombres armados también patrullaban las calles de la ciudad norteña de Trípoli, escenario de enfrentamientos previos entre suníes y alauitas que simpatizan con determinados bandos en la guerra civil siria.

Los eventos de este domingo destacaron cómo la revuelta de 19 meses en contra de Assad en Siria ha exacerbado las profundas tensiones sectarias existentes en el Líbano, que todavía no termina de recuperarse de la guerra civil de 1975 a 1990.

Los rebeldes suníes luchan por derrocar a un presidente Assad cuya familia pertenece a la secta minoritaria alauita, una rama del Islamismo chiita. Las comunidades religiosas del Líbano están divididas entre el apoyo al mandatario sirio y aquellos que están a favor de los insurgentes.

Hassan, de 47 años, era un musulmán suní y alto funcionario de inteligencia que había ayudado a desmantelar un complot que llevó al arresto y procesamiento en agosto de un ex ministro libanés partidario de Assad.

El jefe de inteligencia también impulsó una investigación que terminó por implicar a Siria y al grupo chiita Hezbolá en el asesinato del ex primer ministro libanés Rafik al-Hariri en 2005.