Ciudad de Guatemala. Fuerzas de seguridad de Guatemala asestaron esta semana un duro golpe a uno de los cárteles del narcotráfico mexicano que operan en ese país, al detener a 22 de sus miembros entre ellos a su presunto líder en la zona, informó el domingo el gobierno.

Con la captura el sábado de cuatro presuntos miembros del grupo narco paramilitar mexicano de "Los Zetas", la policía guatemalteca coronó una operación que incluyó el decomiso de 239 fusiles, 28 vehículos todo terreno, cinco avionetas, municiones y explosivos, precisó el ministerio de Gobernación.

Las capturas y decomisos ocurren luego de que Guatemala decretó el lunes la suspensión de garantías constitucionales, un día después de poner en estado de sitio al departamento fronterizo de Alta Verapaz, a unos 200 kilómetros al norte de la capital.

Hasta allí se han enviado soldados y policías para combatir la creciente actividad delictiva de las bandas mexicanas.

"Estos individuos no se estaban preparando para enfrentar a las fuerzas de seguridad, se preparaban para tomar el país", dijo, esta semana, el presidente guatemalteco Alvaro Colom a periodistas, tras autorizar las medidas de emergencia.

Informes del gobierno indican que los Zetas prácticamente gobernaban el lugar, se apropiaban de las fincas y cometían asaltos y violaciones sexuales.

Entre los delincuentes capturados se encuentra el ex militar guatemalteco, José Armando León, antiguo integrante de los kaibiles, un cuerpo de elite del Ejército entrenado para operaciones de contrainsurgencia y utilizado durante la prolongada guerra civil que sacudió a ese país.

Las autoridades sospechan que León sería el jefe del grupo que actúa en Alta Verapaz.

Unos 800 miembros de los Zetas operarían en Guatemala, de los cuales una tercera parte serían mexicanos, según investigaciones oficiales. Aunque su principal área de influencia se ubica en Alta Verapaz, se calcula que la organización tiene movilidad en 75% del territorio del país.

Los Zetas, que surgieron hace 10 años como un grupo de sicarios al servicio del Cártel del Golfo de México, se han convertido en una organización criminal en sí misma, con miles de integrantes y una fuerte presencia en Centroamérica.

Analistas y altos funcionarios aseguran que los cárteles mexicanos están comprando tierras, almacenando armas y contratando miembros de redes delictivas en todo Centroamérica para que les ayuden a mover y vender drogas.