Puerto Principe. En el límite de la capital haitiana arrasada por el sismo, un edificio cuadrado recién pintado de azul y gris aporta una perceptible señal de renovación en un entorno de que otra forma sería deprimente.

La flamante planta que contiene generadores de electricidad es la "usina" de E-Power, una inversión privada haitiano-surcoreana de US$56,7 millones que ha avanzado a pesar del caos infligido por el terremoto del 12 de enero que destruyó Puerto Príncipe y mató hasta 300.000 personas.

Ubicada cerca del mayor barrio pobre de Puerto Príncipe y a la vista de las tiendas azul y blanco de los campamentos de sobrevivientes del sismo, allana el camino para que el sector privado impulse una recuperación sustentable en el país caribeño, tal como lo espera el Gobierno.

"Esperamos que esto sea un ejemplo para otros", afirmó el director ejecutivo de E-Power, Carl-Auguste Boisson, señalando que el proyecto energético de 30 megavatios fue concebido en el 2004 y entraría en operaciones en enero, usando combustible pesado. El equipamiento clave fue entregado a sólo semanas del sismo, cuando reabrieron las instalaciones portuarias.

"Todo el mundo nos decía: 'No, no es posible, debemos ir a República Dominicana, descargar allí y llevarlo a destino en camión'. Nosotros dijimos: 'No, queremos descargar todo en Puerto Príncipe', y así lo hicimos, sin inconvenientes", explicó Boisson.

Mientras lucha por resurgir de una de las catástrofes naturales más destructivas de los últimos tiempos, la nación más pobre del hemisferio occidental y la enorme operación de ayuda internacional que la asiste están pensando en empresas e inversiones privadas para que sean los motores de la reconstrucción.

Si esto es inminente, funcionarios de Gobierno esperan un crecimiento de recuperación de 8 a 10% el año que viene, después de una contracción de 7% este año debido al impacto del sismo.

Los pedidos de apoyo al sector privado se han vuelto más urgentes, puesto que los líderes de Haití se dan cuenta de los límites de la ayuda internacional institucional.

Pese a los US$11.000 millones prometidos por donantes para "reconstruir mejor" el país en el curso de la próxima década, el primer ministro Jean-Max Bellerive dijo que el dinero, si bien es indudablemente generoso, simplemente no alcanzaría para levantar a Haití de la ruinas.

Bellerive sostuvo que los compromisos de ayuda equivalen a US$10 al año por cada uno de los 10 millones de habitantes de Haití, una suma per cápita que palidece frente a las enormes necesidades en materia de vivienda, infraestructura, salud y educación, además de los abrumadores costos humanitarios.

"La única forma de encontrar más es atrayendo dinero del sector privado para hacer negocios en Haití y tornarlo rentable", indicó Bellerive.

Círculo vicioso. Incluso antes de que el devastador terremoto golpeara la capital y el corazón económico de Haití, dejara a 1,3 millones sin techo y causara la muerte a un tercio de los tecnócratas de nivel alto y medio del gobierno, el país distaba mucho de ser un paraíso para las inversiones.

En el informe Haciendo Negocios de 2010 preparado por el Banco Mundial, que clasifica las condiciones comerciales alrededor del mundo, la economía de Haití se encontraba en el puesto 151 de un total de 183.

Entre los principales obstáculos estaba el tiempo necesario para empezar un negocio (195 días), dificultades y retrasos para registrar propiedades y bienes raíces, y los niveles notablemente débiles de protección para inversores.

"Es muy importante que el gobierno atienda el problema del clima comercial en Haití", dijo Ary Naim, directora para Haití y la República Dominicana de la Corporación de Finanzas Internacionales del Banco Mundial (CFI), que está apoyando E-Power y una serie de otras iniciativas de inversión privada.

"El objetivo final es salir del círculo vicioso de dependencia de la ayuda para el país. Es extremadamente importante (...) que el esfuerzo de reconstrucción provenga del sector privado, pero también baje desde las firmas grandes y medianas a las empresas pequeñas e individuales", agregó.

En medio de temores de que la llegada de ayuda humanitaria internacional en alimentos y atención médica inmediatamente después del sismo podría haber desplazado a empresas privadas locales, se han anunciado algunos proyectos de inversión vinculados a la reconstrucción.

Estos comprenden planes de un parque industrial y una operación de producción de prendas que involucra a Sae-A Trading Company Limited, uno de los principales fabricantes textiles de Corea del Sur, en una potencial inversión de entre US$10 y 25 millones respaldada por el CFI y el Departamento de Estado de Estados Unidos.

Esto sacará ventaja de las medidas por expandir el acceso libre de impuestos para productos textiles haitianos al cercano mercado estadounidense.

El mes pasado, un empresario argentino anunció un proyecto con el grupo comercial WIN con sede en Haití para construir un hotel cerca del aeropuerto de US$33 millones y 240 habitaciones para empresarios en Puerto Príncipe.

El plan, combinado con el reinicio de la construcción de otro nuevo hotel, el Oasis, que el CFI ha apoyado con US$7,5 millones, son las primeras inversiones desde el sismo en el sector del alojamiento, que espera satisfacer a la oleada de visitantes humanitarios y comerciales que participen de la reconstrucción.

"Los inversores extranjeros están observando. Una vez que empecemos a hacer las cosas de forma sensata, van a ver la diferencia y comenzarán a llegar, al sector del turismo, las manufacturas, el mar, los aeropuertos, todas partes", dijo a Reuters el presidente del banco central de Haití, Charles Castel.