Sierra de Parima, Venezuela. Un grupo de indígenas que vive en la selva venezolana, a unos 19 kilómetros de la frontera con Brasil, negó reportes que aseguraban que mineros ilegales de oro los atacaron con armas de fuego desde un helicóptero, masacrando a unas 80 personas.

A finales de agosto, Venezuela conformó una comisión para investigar una denuncia del supuesto ataque que habría ocurrido a inicios de julio, presentada por dirigentes de la etnia Yanomami y apoyada por varias organizaciones no gubernamentales.

"No mató nada", dijo Massupi, jefe de la comunidad Irotatheri, en declaraciones a periodistas llevados por el gobierno venezolano al lugar donde están asentados en la Sierra de Parima.

"Acá estamos fino (bien)", señaló a través de un intérprete el aborigen sorprendido por ver a personas ajenas a su comunidad, en la primera vez que tuvo contacto con gente de otra cultura y otros rasgos físicos.

La comunidad Irotatheri está compuesta por unas 50 personas, la mayoría de ellos niños. Generalmente andan desnudos, pero por la llegada de los periodistas el gobierno les regaló algo de ropa.

A inicios de septiembre, la ministra de Asuntos Indígenas, Nicia Maldonado, dijo que la comisión investigadora no encontró evidencia de que la matanza denunciada había ocurrido luego de que hizo un sobrevuelo con naves militares por la aldea.

Sin embargo, algunas organizaciones no gubernamentales acusaron al gobierno de no haber investigado a fondo.

Incluso Brasil pidió a Venezuela determinar si mineros cruzaron la frontera para cometer el ataque

Grupos no gubernamentales de defensa de los indígenas han denunciado desde el 2009 los problemas que han causado los mineros ilegales brasileños en la frontera, que van desde el envenenamiento de agua con mercurio producto de la actividad extractiva hasta este tipo de enfrentamientos.

En el corazón de la selva. Debido a la distancia y el aislamiento de muchos asentamientos indígenas, el gobierno suele verse incapacitado a proteger a las tribus de incursiones de forasteros.

Irotatheri en lengua Yanomami significa "Comunidad de los Araguatos", que es una especie de mono que los nativos cazan para complementar su dieta que incluye además la yuca.

Los miembros de esta comunidad, una de las nueve asentadas en el suroriente del territorio venezolano, tienen varios hijos y obedecen a su chamán quien, entre otras obligaciones, inicia en la sexualidad a las mujeres de la tribu y las asigna a quien será su compañero masculino para formar una familia.

Las familias viven en diez yajis, pequeñas chozas de paja en el shapono, donde las 24 horas hay un fuego encendido que les protege del ataque de insectos y animales, pero que les ha provocado una serie de enfermedades respiratorias por el humo.

La denuncia y posterior investigación del gobierno cambió su vida definitivamente ya que dos miembros de la comunidad fueron llevados a un pueblo cercano para ser instruidos en enfermería y comunicaciones.