Tegucigalpa. La inseguridad en Centroamérica, por la reunión entre el presidente estadounidense Barack Obama y su par salvadoreño Mauricio Funes, se ha elevado este martes por la acción de las temidas maras o pandillas, responsables del 60% de los homicidios cometidos en ese país. 

Por otra parte, a la par con la creciente violencia de las maras, ha crecido la penetración de carteles de drogas en el Triángulo Norte centroamericano (El Salvador, Guatemala y Honduras), tema que inquieta a las autoridades locales y también a Washington.
Las violentas pandillas, cuyos miembros se cuentan por miles en El Salvador, Guatemala y Honduras, trafican con drogas y armas, y extorsionan a comerciantes y choferes de autobuses y taxis, que son asesinados si se niegan a pagar el denominado "impuesto de guerra".

En promedio, 11 personas son asesinadas cada día en El Salvador, donde el gobierno izquierdista de Funes ha intentado frenar la violencia sacando al ejército a las calles y reforzando a la policía con más recursos y equipamiento.

En El Salvador, las principales pandillas son la Mara Salvatrucha o MS-13 y su acérrima rival, la Mara 18 o M-18, que juntas reúnen a unos 11,000 miembros, aunque la policía estima que la cifra podría llegar a unos 18,000.

Llamadas maras como diminutivo de marabunta, unas hormigas devoradoras de la Amazonia, las pandillas surgieron en El Salvador durante la guerra civil (1980-1992) formadas por jóvenes que se disputaban "territorios" en barriadas pobres y aldeas.

Entonces existían la Mara Máquina, la Mara Gallo y La Fosa, cuyos miembros se dedicaban a cometer asaltos con el fin de obtener dinero para subsistir.

La guerra civil hizo que miles de salvadoreños emigraran a Estados Unidos, donde algunos comenzaron a conocer el accionar de pandillas bien organizadas que operaban en las calles de Los Angeles.

A mediados de la década de 1980, migrantes latinoamericanos, principalmente mexicanos, formaron la Mara 18, cuyo nombre proviene de la Calle 18 de la ciudad californiana.

Por su parte, migrantes salvadoreños, junto a hondureños y guatemaltecos, conformaron la Mara Salvatrucha o MS-13, cuyo número proviene de la Calle 13 de Los Angeles.

Tras el término de la guerra civil en 1992, miles de salvadoreños comenzaron a ser deportados de Estados Unidos, muchos de ellos con antecedentes penales, entre los que figuraban numerosos pandilleros.

El flujo de expulsados ha continuado y en 2010 Washington deportó alrededor de 17.000 salvadoreños, que retornaron al país en aviones fletados por el gobierno estadounidense.

Los pandilleros deportados comenzaron a formar 'clicas' o células de la Mara Salvatrucha y de la Mara 18 con jóvenes de barriadas pobres en El Salvador, que fueron desplazando a las antiguas pandillas locales.

El gobierno de Funes declaró la guerra al entrar en vigencia en septiembre de 2010 la Ley de Proscripción de Pandillas, que condena a 10 años de prisión a los cabecillas de pandillas, maras u otras organizaciones criminales y con seis años a quienes pertenezcan a estas organizaciones.

La medida alertó a los gobiernos de Honduras y Guatemala, que previeron la migración de los pandilleros desde El Salvador, en busca de nuevo territorio para operar.