Tokio. Japón actualizó este miércoles sus estándares para planta de energía nuclear, el primer reconocimiento oficial de que sus normas eran insuficientes cuando un terremoto dañó una de sus instalaciones, desencadenando la peor crisis atómica desde Chernóbil en 1986.

El anuncio fue dado a conocer luego de que el gobierno reconoció que no hay un final a la vista para la crisis y de que un salto en los niveles de yodo radiactivo en el agua de mar se sumaron a la evidencia de filtraciones en los reactores en torno al complejo y más allá.

"No estamos en una situación donde podamos decir que tendremos esto bajo control por un cierto período", dijo el secretario jefe del gabinete de Japón, Yukio Edano, en una sesión informativa.

Hallazgos de plutonio en el suelo de la planta elevaron la alarma pública sobre el accidente, que ha eclipsado el desastre humanitario ocasionado por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo, que dejaron 27.500 muertos o desaparecidos.

El ministerio de Comercio, que supervisa la seguridad nuclear, dijo en un comunicado que se redactarán reglas exhaustivas para los operadores de planta de energía tomando en cuenta el accidente que afectó a la instalación de Fukushima, ubicada 240 kilómetros al norte de Tokio.

Antes del desastre, los 55 reactores nucleares de Japón proveían cerca de 30% de la energía eléctrica del país. Se esperaba que el porcentaje subiera a 50% para 2030, entre los mayores del mundo.

El ministerio agregó que Japón debería comenzar a reconsiderar su política energética, enfocándose en el potencial de la energía solar.

Yodo radiactivo. Nuevas lecturas mostraron un salto en el yodo radiactivo a 3.355 veces el límite legal, indicó la agencia estatal de seguridad nuclear, aunque el organismo minimizó su impacto, diciendo que las personas habían abandonado el área y que se había detenido la actividad de pesca.

La polución en el océano es una preocupación para un país donde el pescado forma parte central de la dieta de sus habitantes.

Expertos dijeron que la vastedad del océano y una poderosa corriente deberían diluir los altos niveles de radiación, limitando el peligro de contaminación a los peces y el resto de la vida marina.

Sin embargo, no está claro cuánta radiación se está filtrando al océano y controlar las fugas podría tardar semanas o meses, lo que complica las evaluaciones precisas de riesgo.

El primer ministro Naoto Kan, cuyo gobierno enfrenta fuertes críticas por su manejo del desastre, recibió la afirmación del apoyo estadounidense en una conversación telefónica el miércoles con el presidente Barack Obama.

El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, tiene fijado visitar Tokio este jueves. El será el primer líder extranjero que visita el país desde el desastre.

En una muestra adicional de apoyo, Francia envió a dos expertos de su fabricante estatal de reactores nucleares Areva y de su organismo de investigación atómica CEA para que asistan al operador nipón de la planta dañada, Tokyo Electric Power Co (TEPCO).

Hallazgo de plutonio. Cientos de ingenieros han luchando durante casi tres semanas por enfriar los reactores de la planta y evitar una catastrófica fusión de barras de energía, aunque la situación parece haber dejado atrás ese escenario de pesadilla.

Jesper Koll, director de investigación de valores de JPMorgan Securities en Tokio, dijo que una dilatada batalla para controlar la planta y frenar las fugas de radiactividad perpetuaría la incertidumbre y actuaría como un lastre para la economía.

"El peor escenario posible es que esto se alargue no por uno, dos o seis meses, sino por dos años, o indefinidamente", declaró. "Japón será evitada. Ese es el verdadero escenario de pesadilla", agregó.

El temor público aumentó el martes cuando se anunció el hallazgo de restos de plutonio en el suelo de cinco lugares dentro de la instalación.

Un subproducto de reacciones atómicas que puede ser usado en bombas nucleares, el plutonio es altamente carcinógeno y una de las sustancias más peligrosas del planeta, indicaron expertos.

Japón dijo, sin embargo, que los niveles, de hasta un máximo de 0,54 becquerelios por kilogramo, no eran considerados peligrosos, una posición apoyada por la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA por su sigla en inglés).

El operador de la planta, TEPCO, está bajo presión, criticado por fallas de seguridad y una lenta respuesta.

Su acciones cayeron otro 17,7% este miércoles y ahora están 75% a la baja desde el terremoto, en momentos en que el gobierno considera su nacionalización.

El atribulado presidente ejecutivo de la firma, que ha mantenido un bajo perfil durante la crisis, fue llevado al hospital el miércoles tras sufrir de alta presión sanguínea y mareos.