La Meca, Arabia Saudita. Sentado en el vestíbulo de mármol de un lujoso hotel de La Meca, el banquero marroquí Mohammad Hamdosh toma un respiro de la cacofonía de peregrinos que van de aquí para allá alrededor de la Gran Mezquita en la ciudad más sagrada del Islam.

Millones se han congregado en la ciudad de Arabia Saudita para el peregrinaje anual del Haj, un deber para todo musulmán sano que pueda costearlo. Pero algunos, cuyas necesidades están siendo satisfechas por un polémico auge de la construcción, pueden costearlo más que otros.

"Cada peregrino viene de acuerdo a sus medios. Dios me dio dinero, de modo que ¿por qué no habría de hospedarme en este hotel? El Haj es cansador así que es bueno tener una habitación para descansar", dijo Hamdosh, durante el viaje que le costó 12.000 euros (US$16.545).

Dentro de la mezquita, todos los peregrinos son iguales cuando rodean la piedra negra conocida como la Kaaba, hacia la cual los musulmanes de todo el mundo miran cuando rezan a diario.

Pero afuera han aparecido una serie de altísimos hoteles cinco estrellas donde los adinerados pueden disfrutar con una vista a la Kaaba las 24 horas del día. Las torres eclipsan la mezquita y la ciudad a su alrededor, enclavada en las montañas del interior de la ciudad portuaria de Yida.

Esto es parte de un proyecto mayor por expandir la mezquita y traer a más musulmanes a la ciudad sagrada para encontrar la salvación, según las escrituras del Islam, algo que Arabia Saudita considera su deber.

La Meca acaba de inaugurar el mayor cuadrante de reloj del mundo, colgado al estilo Big Ben frente de un altísimo hotel mirando hacia a la Kaaba, mientras unas 20 grúas junto a la mezquita anuncian más alojamientos de lujo.

El furor inversionista que tendrá lugar en el transcurso de la próxima década en La Meca y en la segunda ciudad sagrada, Medina, está avaluado en aproximadamente US$120.000 millones y actualmente hay proyectos en curso por US$20.000 millones sólo en La Meca, según Banque Saudi Fransi.

El metro cuadrado de tierra en la Meca cuesta 50.000 riales (US$13.333).

"Si las personas están en una buena posición deberían hospedarse cerca de la mezquita", dijo Farhad Yaftali, un peregrino de 25 años de una familia afgana de cinco comerciantes en Dubái, quienes pagaron US$15.000 cada uno.

"Es bueno disponer de una habitación para descansar y hacerse el wudo (la ablución)", dijo, bebiendo té en el café del mismo hotel cinco estrellas.

El gobierno saudita se enorgullece del proyecto, hecho posible por la vasta riqueza acumulada en el país proveniente de sus recursos petroleros. Las obras son la última etapa de expansión de la mezquita para alojar a los peregrinos que comenzó hace décadas.

"En los últimos 10 años, hemos visto un gran incremento en la cantidad de peregrinos. Este año el número de peregrinos aumentará un 20%", dijo el ministro de Interior, Nayef bin Abdulaziz, en una conferencia de prensa en La Meca esta semana.

"Las obras para mejorar aún más el nivel de servicios para los peregrinos en la Casa de Dios son permanentes", sostuvo Yaftali. Los hoteleros esperan más de tres millones de peregrinos, incluso tal vez cuatro.

Residentes molestos. Muchos intelectuales sauditas, principalmente de la región de La Meca, se sienten perturbados por los planes del gobierno, que según diplomáticos en Riad han sido aprobados sólo por importantes clérigos lejos del escrutinio público.

Periódicos sauditas y blogs islamistas han participado de algunos debates sobre el furor de la construcción, pero no ha surgido crítica alguna de los máximos eruditos sauditas, quienes son aliados de la familia real en el gobierno, que no tiene Parlamento electo.

"Una no puede evitar sentirse triste al ver la Kaaba tan pequeña entre todos esos gigantes de vidrio y hierro", dijo la escritora Raja Alem, cuya reciente novela "Tawq al-Hamam", expone la destrucción de zonas históricas, la corrupción y el abuso.

"Mucho antes del Islam, los árabes no se atrevían a vivir en el círculo de lo que llamamos 'al-haram', que significa la zona sagrada (de la mezquita). Pasaban sus días en la ciudad sagrada y se iban por la noche. Pensaban que sus actividades humanas deshonraban la casa de Dios", afirmó.

Los ritos de la peregrinación refuerzan este sentimiento de humildad ante Dios. Los hombres visten dos piezas simples de tela blanca y las mujeres evitan ponerse perfume.

Los hoteleros dicen que el gobierno prohibe algunos despliegues de lujo como las piscinas de natación, aunque el nuevo Makkah Clock Royal Tower Hotel contará con dos spas de alto nivel.

"La noción de llenar el horizonte de La Meca con modernos rascacielos no sólo está debilitando la Kaaba, sino que es un claro símbolo material de la enorme supresión cultural y social que la ciudad ha experimentado", dijo el columnista saudita Mahmoud Sabbagh.

"El reemplazo de la ciudad antigua se ha llevado consigo tradiciones preservadas durante siglos sobre sistemas y mecanismos académicos, sociales y culturales. Todo el paradigma cultural ha sido dañado", expresó.

En las últimas décadas, muchas casas antiguas han sido derribadas en La Meca para permitir un mejor acceso al haram, haciendo espacio para centros comerciales, hoteles y enormes espacios de estacionamiento subterráneo.

Irfan al-Alawi, un profesor de teología islámica radicado en Londres, dijo que el Vaticano jamás aprobaría tales obras en su propia zona sagrada.

El gobierno debería usar los espacios de las afueras de la ciudad para construir hoteles, indicó, agregando que "La Meca no tiene que parecerse a Manhattan o Nueva York".