Londres. Ante una crisis que podría definir su mandato, el primer ministro británico, David Cameron, prometió el jueves tomar duras medidas contra los grupos violentos y dijo que los responsables de los peores disturbios en décadas serán perseguidos y castigados.

"El contraataque ha comenzado de verdad", indicó en una sesión parlamentaria de emergencia, reconociendo que la respuesta policial fue inadecuada para enfrentar la violencia, que se expandió desde Londres hacia otras grandes ciudades.

"En cuanto a la minoría descontrolada, los criminales que se llevaron lo que pudieron, les digo: vamos a perseguirlos, vamos a encontrarlos, vamos a acusarlos, vamos a castigarlos. Van a pagar por lo que hicieron", dijo el primer ministro.

Cameron está bajo presión para suavizar su plan de austeridad, reforzar la presencia policial y hacer más para ayudar a las comunidades desfavorecidas, tras días de disturbios que revelaron las tensiones sociales de una economía deprimida.

Eludiendo el tema sensible del recorte de los fondos para la policía, Cameron otorgó un mayor poder a la fuerza, incluyendo el derecho de los agentes a exigir que una persona se descubra la cara si sospecha que cometió un delito.

Los ciudadanos están enfurecidos por el saqueo de productos desde televisores a ropa de bebé, y Cameron hasta ahora ha calificado a los alborotadores como simples delincuentes oportunistas, negando que lo ocurrido estuviera relacionado con las consecuencias de los profundos recortes públicos.

Cameron, quien ya autorizó el uso de bastones y cañones de agua, dijo que también exploraría poner límites al uso de redes sociales si éstas fueran utilizadas para planear actos de "violencia, desorden y criminalidad".

El primer ministro prometió mantener la presencia de 16.000 agentes en las calles de Londres durante el fin de semana y afirmó que podría pedir la intervención del Ejército para papeles secundarios en futuros disturbios, con el fin de liberar a policías de primera línea.

También prometió compensaciones para aquellos cuyas viviendas o negocios resultaran dañados, incluso aunque no estuvieran asegurados.

Indignación por los saqueos. Los disturbios, que se desataron primero en el norte de Londres por la muerte de un hombre de origen afrocaribeño en manos de la policía, costarán a las aseguradoras más de 200 millones de libras (US$320 millones), estimó la Asociación Británica de Seguros.

El ministro de Finanzas, George Osborne, también se dirigirá a la Cámara, en medio de la preocupación de que la violencia haya dañado la confianza en la economía y en Londres, uno de los mayores centros financieros del mundo y sede de los Juegos Olímpicos del año que viene.

Los ciudadanos están enfurecidos por el saqueo de productos desde televisores a ropa de bebé, y Cameron hasta ahora ha calificado a los alborotadores como simples delincuentes oportunistas, negando que lo ocurrido estuviera relacionado con las consecuencias de los profundos recortes públicos.

Argumentando que la policía, el Gobierno local y los trabajadores voluntarios deben trabajar juntos para detener a las bandas violentas en las comunidades más desfavorecidas, enfatizó: "Quiero que esto sea una prioridad nacional".

Pero líderes de asociaciones comunitarias dijeron que la desigualdad, los recortes en los servicios públicos y el elevado desempleo juvenil tienen también probablemente una parte de la responsabilidad en los disturbios vividos en Londres, Birmingham, Manchester y otras ciudades multiétnicas.

"Negros, asiáticos, blancos, todos vivimos en la misma comunidad, ¿por qué tenemos que matarnos unos a otros?", preguntó Tariq Jahan, cuyo hijo fue uno de los tres jóvenes musulmanes atropellados y muertos el martes por la noche cuando al parecer trataban de proteger del caos propiedades en Birmingham.

La policía ha arrestado a más de 1.200 personas en Inglaterra, llenando las comisarías y obligando a los tribunales a trabajar todas las noches para procesar cientos de casos. Entre los acusados hay un niño de 11 años.

El aumento en el número de agentes desplegados ayudó a llevar la calma a Londres y otras ciudades como Manchester y Birmingham el miércoles por la noche, pero cuatro días de desórdenes casi sin oposición han avergonzado a las autoridades y dejado barrios enteros destrozados.