La persistente lluvia fue el preludio de la pesadilla que comenzó la tarde de este sábado, cuando se agrietó el suelo y las paredes de decenas de viviendas. En la noche el terreno no resistió y colapsó, dejando al menos 100 casas en escombros. En la madrugada y mañana de este domingo, la lluvia no cesó.

Kupini II, Pampahasi Bajo, Santa Rosa de Callapa, Callapa, Valle de las Flores y 23 de Marzo, son las zonas más afectadas por el deslizamiento. Cervecería y Metropolitana también están en riesgo. Se declaró alerta roja.

Cerca de las 10.00, el alcalde de La Paz, Luis Revilla, informó que el desastre dejó un saldo de 4.000 damnificadas y 800 predios afectados, en un área de entre 80 y 100 hectáreas. En la noche, el número de damnificados subió a 5.000 y se contabilizó 250 casas caídas.

Roperos, cocinas, sillones, catres, frazadas, televisores, mesas, marcos de ventana, lavadoras, maderas y otros objetos se rescataban de casas a punto de caer en el área que parecía afectada por un terremoto por los techos de decenas de casas en los suelos y sobresaliendo de promontorios de tierras, postes de luz caídos y calles y avenidas agrietadas.

“Primero la vida, luego el alimento y la reconstrucción. En la reconstrucción no los vamos a abandonar”. Alvaro García Linera, en respuesta a demandas de ayuda.

En la avenida asfaltada de ingreso a Kupini II estaban amontonadas las pertenencias de varias familias a la espera de un camión de las Fuerzas Armadas, de la Alcaldía, de Defensa Civil u otro particular que les permita poner a buen recaudo sus bienes.

“No sé dónde iré. Lo único que quiero es salir”, decía Jeannet, una mujer de 55 años que hablaba mientras miraba lo que aún quedó en pie de su casa, el poste del medidor de luz. Esperaba su turno —al igual que otras personas— para cargar sus muebles, con ayuda de familiares, militares y vecinos, a camiones que llevaban su carga a albergues o viviendas de allegados o sus amigos.

Pese al intenso movimiento humano, reinaba un silencio que permitía oír el llanto impotente de quien lo pierde todo y un escalofriante aullido de un perro que deambulaba de un lado para otro entre los escombros.

En la zona de desastre, Revilla afirmó que los daños materiales son cuantiosos y que se desplazó personal y maquinaria para ayudar a los damnificados, mientras que el ministro de Defensa, Rubén Saavedra, calificó la situación como “dramática”.

Casas de pisos y de reciente construcción colapsaron. “Tenía todos los papeles al día, pagaba impuestos, era un Barrio de Verdad. ¿Cómo iba a pensar que esto iba a ocurrir?”, se preguntaba Irma, mientras retiraba pasado el mediodía los muebles que aún quedaban por evacuar tras una labor iniciada en la madrugada.

Ayuda y visita de vicepresidente. Al menos 2.000 voluntarios, entre funcionarios municipales, policías, militares y bomberos, trabajan en la zona. Algunas personas se quejaban por la lentitud de la ayuda, ya que había tantas familias que requerían apoyo que en determinados momentos el contingente era insuficiente.

Algún miembro de la familia estaba pendiente de todo, porque temía robos.

El servicio de agua potable fue suspendido en decenas de barrios aledaños para evitar que el deslizamiento se expanda en el área afectada, en la que toda la jornada de ayer no dejó de llover. Se activó el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) que, entre otros aspectos, instaló cinco albergues para los damnificados.

Cerca de las 19.00, el vicepresidente Álvaro García, el ministro Saavedra y otras autoridades llegaron hasta la zona de Callapa. Ingresaron por la calle 9 de Septiembre hasta un mirador desde donde observaron los daños ocasionados por las lluvias.

Retenido por una vecina que le exigió cooperación en su desgracia, García respondió: “Primero la vida, luego el alimento y la reconstrucción. En la reconstrucción no los vamos a abandonar”.

El director de Comunicación de la Alcaldía, Edwin Herrera, informó que la situación era preocupante en las zonas Cervecería y Metropolitana, porque se encontró una grieta de 20 centímetros que muestra que el fenómeno geológico está activo.

La labor fue ardua en el área afectada, que parecía un hormiguero de personas —entre hombres y mujeres de todas las edades, entre ellos niños— trabajando por recuperar sus bienes.