El Cairo. Los manifestantes de Egipto, llenos de ira y desilusión después de que el presidente Hosni Mubarak se negó a renunciar, planificaron grandes protestas para este viernes que podrían poner a prueba la lealtad del ejército.

El enfrentamiento cada vez más agrio después de 17 días de disturbios ha planteado temores de violencia en el país árabe con mayor población, un aliado clave de Estados Unidos en una región rica en petróleo donde la posibilidad de que el desorden se contagie a otros estados ha remecido a los mercados mundiales.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, también sonó menos que satisfecho con las más recientes medidas de Mubarak, al decir que debe explicar los cambios que está adoptando y hacer más por ofrecer un camino hacia la democracia.

Durante algunas horas este jueves, luego de un comunicado militar que muchos interpretaron como una medida del Ejército para despojar al ex general de 82 años del poder que ha ejercido por 30 años, las manifestaciones en El Cairo y otras ciudades se convirtieron en celebración a la espera de la renuncia de Mubarak en un discurso televisado a todo el país.

A pocos minutos del comienzo de la transmisión, sin embargo, la gente comenzó a agitar sus zapatos y abuchear mientras el presidente daba una extensa explicación sobre su papel en una revisión a los cambios constitucionales antes de dejar el poder, como había dicho la semana pasada, después de las elecciones presidenciales de septiembre.

El elogió a los jóvenes manifestantes que lo han acusado de ser corrupto y un dictador brutal -"Sus demandas son legítimas y justas"- y expresó su compasión por las familias de los 300 o más muertos por sus partidarios -"He sentido el dolor que ustedes han sentido"-. Y, finalmente, declaró que traspasaría poderes al vicepresidente.

El vicepresidente Omar Suleiman, un ex jefe de inteligencia de 74 años que ha mantenido relaciones cercanas con Estados Unidos e Israel, apareció más tarde en televisión para prometer un "mapa de ruta" hacia elecciones democráticas.

"No a Mubarak". Los manifestantes, que hace dos semanas no habrían soñado con lograr tales concesiones y ahora posiblemente suman cientos de miles, no quedaron satisfechos y dijeron que continuarían presionando por la salida inmediata de Mubarak y el fin de un sistema dominado por el ejército vigente por seis décadas.

"No a Mubarak, no a Suleiman. Uno es un agente y el otro un cobarde", gritaban los manifestantes que acamparon nuevamente en la central plaza Tahrir de El Cairo.

Algunos intentaron marchar hacia alguna de las residencias presidenciales de Mubarak en El Cairo, pero bloqueos del ejército impidieron su paso.

El ejército ha estado en la calles durante dos semanas, desde que la policía atacó a los manifestantes el 28 de enero y luego se retiró. Los soldados han prometido defender el derecho a protestar.

Si embargo, el extenso enfrentamiento podría poner a prueba esa determinación, cuando muchos egipcios buscan terminar con los problemas económicos derivados de las protestas y los comandantes del ejército buscan mostrar que pueden imponer el orden.

Soldados parecieron permitir que unas 200 personas avanzaran para protestar afuera del edificio de la transmisora estatal durante la noche.

"Mi gran temor es que si las manifestaciones no terminan, el ejército se divida por el tema. podrían haber comandantes más jóvenes que no querrán hundirse con el barco", dijo Elliott Abrams, un ex asesor de seguridad nacional de Estados Unidos.

"Si las protestas aumentan (...) entonces nuevamente enfrentas al ejército con la opción que han buscado evitar -disolver las manifestaciones o deshacerse de Mubarak. Ellos han logrado por el momento evitar esa decisión, pero si la gente permanece en las calles, entonces tendrán que tomarla", agregó