Beirut. Al menos 21 personas fueron reportadas muertas este sábado en Siria, mientras se intensifica la violencia en medio de la revuelta de ocho meses para derrocar al presidente Bashar al-Assad que ha dejado unas 4.600 víctimas fatales, según un grupo activista.

Grupos de oposición dicen que los movimientos rebeldes están incrementando sus ataques sobre las fuerzas leales al gobierno, que intenta reprimir el levantamiento contra los 41 años de dominio de la familia Assad.

Siria sufre un aislamiento internacional y regional cada vez mayor. La Liga Arabe, la Unión Europea y Estados Unidos están presionando por aplicar sanciones a fin de obligar a Damasco a detener el derramamiento de sangre y para que negocie con sus opositores.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos dijo que alrededor de la medianoche de este sábado surgieron enfrentamientos que se extendieron por tres horas en la ciudad norteña de Idlib, cerca de la frontera turca, donde perdieron la vida 15 personas.

"Siete de los muertos eran del Ejército y las fuerzas de seguridad del régimen, incluyendo un oficial", dijo el grupo. "Tres civiles y otros cuatro desertores también fallecieron", aseveró.

Cinco civiles murieron a tiros a manos de las fuerzas de seguridad en la provincia de Homs, y el cuerpo de un hombre fue regresado a su familia cinco días después de haber sido arrestado.

El principal foro de derechos humanos de Naciones Unidas condenó a Siria por las violaciones "groseras y sistemáticas" de sus fuerzas, incluyendo las ejecuciones y el encarcelamiento de cerca de 14.000 personas.

Más de 4.000 personas han perdido la vida desde que en marzo surgieron las protestas, de acuerdo a Naciones Unidas, que afirma que la violencia en Siria se asemeja a una guerra civil.

Y de acuerdo a la agencia SOHR, con sede en Gran Bretaña, casi un cuarto de su cifra de 4.600 muertos por la represión en Siria pertenece a las fuerzas de seguridad del Gobierno.

No habría lazos con Irán después de Assad.

El jefe del principal grupo de oposición, el Consejo Nacional Sirio, dijo que está presionando por una mayor intervención internacional contra Damasco y que intenta obtener el apoyo de Rusia para que se apliquen más acciones con respaldo de Occidente.

Burhan Ghalioun dijo al Wall Street Journal que avizoraba a una Siria post-Assad distanciada de Irán y de Hezbollah y que se acercaría a la Liga Árabe, además de los Estados del Golfo, países con Gobiernos sunitas y alejados de Irán, una potencia no árabe y chiita en la región.

Siria ha cultivado sus lazos con Teherán desde la Revolución Islámica de 1979 en Irán.

Estados Unidos acusa a Damasco de ayudar a Irán a entregar armas a Hezbollah, un poderoso movimiento militante y político musulmán en el Líbano que se enfrentó a Israel en un guerra de 34 días en el 2006.

"No habrá una relación especial con Irán", dijo Ghalioun al diario estadounidense, aunque afirmó que no se oponía a mantener lazos económicos.

Con la presión contra Damasco, sólo cuatro países votaron contra la condena del foro de derechos humanos de la ONU contra Siria, que establece las bases para posibles medidas de los organismos políticos de Naciones Unidas en Nueva York.