Tijuana, México. La fronteriza ciudad de Tijuana, en el norte de México, está reviviendo tras la brutal ola de violencia que sufrió entre 2008 y 2009, pero se mantiene como lugar favorito de los cárteles para introducir drogas a Estados Unidos.

En la fronteriza ciudad, ubicada cerca de San Diego, California, han disminuido las balaceras y asesinatos masivos en lugares públicos, comunes hasta inicios del 2010 por las sangrientas batallas entre el local cártel de los hermanos Arellano Félix, ahora debilitado, y el cártel de Sinaloa.

Ayudada por la percepción de una baja en la violencia, en Tijuana han reabierto restaurantes y bares que habían cerrado ante la desaparición de la vida nocturna años atrás, aunque la afluencia de turistas estadounidenses aún es escasa, en parte por la debilidad de la economía del país vecino y la lentitud de los cruces fronterizos, los más transitados del mundo.

El gobierno considera a Tijuana un ejemplo de cómo la violencia de los cárteles de la droga se puede controlar, y está intentando hacer lo mismo en Ciudad Juárez, la principal ruta de las drogas que van hacia el mercado estadounidense y uno de los peores focos de violencia en el país.

Sin embargo, en lo que va del año fueron descubiertos cinco de los llamados "narcotúneles" en Tijuana para transportar drogas entre el territorio mexicano y California, al tiempo que en la región fue hallado uno de los mayores plantíos de marihuana en la historia del país, atribuido al cártel de Sinaloa.

"La violencia no se parece a lo que vivió Baja California en años anteriores", dijo a Reuters Juan Pablo Arroyuelo, un empresario inmobiliario que ha anunciado fuertes inversiones en el estado de Baja California, donde se ubica Tijuana.

Además, el número de homicidios no mostró una baja sustancial en 2010, cuando llegaron a 820 frente a los 844 del 2008, uno de los años más violentos durante esta década en la ciudad, según datos de la fiscalía del estado de Baja California.

En 2009 los asesinatos sumaron 664 y 325 entre enero y agosto del 2011.

Sin embargo, al haber bajado los llamados "delitos de alto impacto", como se denomina a los crímenes con decapitaciones o cuerpos colgados de puentes, empresarios tienen la percepción de que las cosas mejoran y están invirtiendo en la región.

"La violencia no se parece a lo que vivió Baja California en años anteriores", dijo a Reuters Juan Pablo Arroyuelo, un empresario inmobiliario que ha anunciado fuertes inversiones en el estado de Baja California, donde se ubica Tijuana.

Narcotuneles, adictos y plantaciones. Pero especialistas en seguridad creen que el caso de Tijuana es un espejismo, porque lo que allí ocurre ahora es que el cártel de Sinaloa, uno de los más poderosos del país y que dirige Joaquín "el Chapo" Guzmán, ha logrado imponerse frente a otras organizaciones criminales.

"La droga sigue pasando, sin ninguna duda. Lo que está disminuyendo es la manifestación violenta de los grupos criminales", dijo el analista Edgardo Buscaglia, del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

"Los delitos organizados, no sólo narcotráfico sino extorsión, secuestro y tráfico de personas y de armas continúan su curso pero con un grupo (Sinaloa) consolidado en el estado", agregó.

Soldados hallaron el mes pasado un plantío gigante de marihuana en una desértica y deshabitada zona al sur de Tijuana, uno de los más grandes en la historia de los decomisos de la nación latinoamericana que habría generado ingresos por US$160 millones, según las autoridades.

De los cinco túneles hallados este año, el más reciente fue localizado en agosto. Medía casi 300 metros de longitud, tenía sistema de iluminación y hasta un altar con velas e inciensos de la Santa Muerte, venerada por narcotraficantes.

Usualmente estos túneles conectan los territorios de ambos países, están disimulados con bodegas y las autoridades suelen clausurarlos y luego taponearlos.

En una de las caras más sórdidas pero a la vez una muestra de cuán activo está el negocio en la frontera, cientos de adictos se acumulan en una zona conocida como "El Bordo", un maloliente canal de aguas negras que corre del centro de Tijuana a la frontera con Estados Unidos.

"Como yo hay un chingo (muchos). Velos, están bien zombies", dijo Juan, un drogadicto y distribuidor de droga mientras se preparaba una dosis de heroína en una jeringa para inyectársela en el cuello.

Centros de rehabilitación en Tijuana y otras ciudades aledañas dicen que este año aumentó en un 30% la cantidad de adictos que han llegado a sus instalaciones.

En esta ciudad, de 1.7 millones de habitantes, los cárteles usan a los adictos como narcomenudistas y les pagan con drogas.

El investigador del Colegio de la Frontera Norte Vicente Sánchez dijo que el cártel de La Familia, con sede en el occidental estado de Michoacán y que ha sufrido la muerte o captura de varios líderes, tiene actualmente una alianza con Guzmán en Tijuana para la venta de drogas sintéticas.

"El que esta frontera sea atractiva para el tráfico de droga tiene que ver con que no haya una baja significativa en la cantidad de lo que se trafica", dijo Sánchez.

Otro signo de las dificultades del combate antinarco, que el presidente Felipe Calderón lanzó a poco de asumir, en diciembre del 2006, es que tanto en Tijuana como en otras ciudades del norte del país ha aumentado el contrabando hormiga de droga sobre todo de cocaína y metanfetaminas que mujeres esconden en sus cuerpos, dijeron militares a Reuters.

Alrededor de 42.000 personas han muerto en todo el país durante la actual administración por enfrentamientos entre cárteles o de estos con fuerzas de seguridad.