El Cairo. Hombres armados dispararon este jueves contra los manifestantes anti-gubernamentales en El Cairo, donde seis personas murieron y unas 800 resultaron heridas, desatando nuevos pedidos desde Occidente para que el presidente egipcio, Hosni Mubarak, entregue el poder de manera inmediata.

Miles de jóvenes airados dijeron que los que abrieron fuego contra ellos durante la noche en la plaza Tahrir de la capital eran de la policía secreta e insistieron en que su determinación ha aumentado.

Desdeñosos del discurso de Mubarak del martes, en el que prometió que no se presentará a la reelección en los comicios de septiembre, los manifestantes prometieron seguir con sus protestas hasta que el presidente de 82 años deje el poder.

Los dirigentes de la oposición, entre los que se encontraba el liberal Mohamed ElBaradei y el movimiento islamista Hermandad Musulmana, rechazaron el llamamiento de reunirse con el nuevo primer ministro, Ahmed Shafiq.

Y dijeron a Reuters que solo se sentarán en la mesa de negociaciones cuando el presidente se vaya y acabe la violencia.

La oposición quiere elecciones libres con las que luchar contra la corrupción y la represión política, a las que culpan de las crecientes adversidades económicas, similares a las que frustran a los habitantes de otros países árabes.

"De un modo u otro derrocaremos a Mubarak", corearon los manifestantes por la mañana, en medio de los escombros y de coches quemados. "No nos rendiremos, no nos venderemos", agregaron.

Papel del ejército. El ejército y las potencias occidentales que han apoyado al presidente, considerado un bastión contra el radicalismo islámico, tienen ahora un papel fundamental, mientras los partidarios de Mubarak tratan de reunir a los egipcios que tienen mucho que perder por el hundimiento del viejo orden.

Muchos analistas creen que el ejército tratará de mantener su propia posición de liderazgo de la sociedad civil desde hace 60 años preparando una salida del poder sin problemas del antiguo militar.

Este lunes, el ejército calificó de legítimas las demandas de los manifestantes y se comprometió a no abrir fuego contra ellos, animando a los opositores.

Pero este miércoles, las tropas no intervinieron cuando los partidarios de Mubarak asaltaron la plaza de Tahrir a caballo y en camello, golpeando a los civiles. Al anochecer, varios manifestantes murieron por disparos.

Hasta este jueves por la mañana no establecieron una zona alrededor de la plaza para separar a las facciones, lo que no evitó nuevos enfrentamientos, con los dos bandos lanzándose piedras.

Soldados en un tanque intentaron apartar a simpatizantes del presidente.

Varios miles de personas se unieron a los cientos que habían acampado durante la noche, cantando "Alá es grande, el Ejército y el pueblo van de la mano".

El Comité de Protección de Periodistas denunció las agresiones a reporteros egipcios y extranjeros y afirmó que se trata de un intento gubernamental de "censura total" e intimidación. Un equipo de Reuters denunció haber sido golpeado, robado y amenazado cerca de la plaza Tahrir.

"El Gobierno egipcio está empleando una estrategia de eliminar a los testigos de sus acciones", dijo en un comunicado Mohamed Abdel Dayem, coordinador de Oriente Medio y África del Norte del grupo supervisor, con sede en Nueva York.

Estados Unidos, que da al Ejército egipcio una ayuda de unos US$1.300 millones anuales, ha dejado claro que quiere que Mubarak se vaya, pero no ha llegado a dar su apoyo abierto a las demandas de la oposición de que deje la presidencia de manera inmediata. Sin embargo, la violencia ha alimentado la impaciencia internacional con su hasta ahora aliado árabe.

"Este proceso de transición debe empezar ahora", escribieron en una carta conjunta los dirigentes de España, Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia, haciéndose eco del mensaje que el presidente estadounidense, Barack Obama, le comunicó a Mubarak en una llamada este martes.

"Sólo una transición rápida y ordenada hacia un gobierno integrador permitirá a Egipto superar los retos que afronta", agregaron.

Un alto funcionario estadounidense dijo el miércoles que estaba claro que "alguien leal a Mubarak había dado rienda suelta a estos tipos para intentar intimidar a los manifestantes", pero un portavoz del gobierno dijo que acusarlo de organizar la violencia es "una verdadera ficción".

Manifestantes dijeron que unas 100 personas fueron capturadas con documentos de identidad que los relacionaban con la policía o con el partido de Mubarak. Mientras, el primer ministro dijo a la prensa que se va a investigar la violencia.

Preocupación. El núcleo duro de la protesta se ha reducido principalmente a jóvenes, universitarios de clase media y activistas pobres de la Hermandad Musulmana e insisten en la marcha de Mubarak, aunque muchos egipcios tienen respeto al presidente y parecen más dispuestos a permitirle dejar el poder de un modo más honorable.

Muchos temen que se desate la anarquía. Los laicos comparten los temores occidentales y de Israel a que la Hermandad Musulmana llegue al poder.

Egipto es el país árabe más poblado y uno de los pocos que ha firmado la paz con Israel, cuyo primer ministro ha advertido que la revolución en El Cairo podría crear una teocracia al estilo iraní.

La violencia se ha cobrado la vida de unas 150 personas y se han registrado manifestaciones en todo el país. La encargada de derechos humanos de Naciones Unidas, Navi Pillay, dijo que hasta 300 personas podrían haber muerto.

Los precios del petróleo han aumentado debido a temores de que las manifestaciones se extiendan a otros estados árabes autoritarios, incluido el gigante petrolero Arabia Saudí, o que interfieran con las rutas de transporte de crudo desde el mar Rojo al Mediterráneo a través del Canal de Suez.

El petróleo Brent superó el jueves los US$103 por barril.