El Cairo. Decenas de miles de egipcios rezaban en la plaza Tahrir de El Cairo para pedir la renuncia inmediata del presidente Hosni Mubarak, con la esperanza de convocar a un millón de personas, en una movilización que definieron como el "Viernes de Partida".

"Vete, vete, vete", gritaron luego de agacharse para rezar y escuchar a un clérigo que declaró: "Queremos que se retire la cabeza del régimen". También alabó a la "revolución de los jóvenes".

Estados Unidos, un viejo aliado del ex general de 82 años y patrocinador de su influyente Ejército, también estaba entablando negociaciones para que comience la transición.

Mubarak dice que está dispuesto a irse pero, luego de definirse durante tres décadas como un baluarte contra el Islam radical en el país árabe más poblado, ha advertido que su partida sumiría a Egipto en el caos.

Avivando los temores de Occidente e Israel por una posible emergencia del grupo islamista Hermandad Musulmana en una futura elección, el líder supremo iraní, ayatolá Ali Khamenei, saludó lo que definió como un "movimiento de liberación islámico" en todo el mundo árabe e instó al Ejército egipcio a confrontar al Estado judío.

En la plaza Tahrir (Liberación) -el epicentro de las protestas y de la violencia entre leales y opositores a Mubarak en los últimos dos días- se vivía un ambiente festivo, en el que los militares mantenían el orden.

El veterano ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantawi, hizo una visita y conversó con sus soldados.

"Hoy es el último día, hoy es el último día", gritaron los manifestantes mientras sonaban canciones pop árabes desde los altavoces de un banco.

Gran presencia militar. La presencia militar aumentó en la capital, donde los soldados colocaron alambres de púa alrededor de las calles y erigieron puestos de control, demorando la llegada de gente a la plaza.

Una vez que terminen las oraciones semanales en las mezquitas de todo el país, los líderes de la protesta esperan declarar que han movilizado a un millón de personas.

La prohibida Hermandad Musulmana intentó calmar las preocupaciones de Occidente e Israel sobre su posible llegada al poder en una votación libre. Un día después de que el nuevo vicepresidente de Mubarak dijera que podía sumarse a un diálogo nacional, la agrupación anunció que no buscaría la presidencia.

La Revolución Iraní de 1979 contra el represivo régimen del sha, financiado por Estados Unidos, fue citada por algunos en Israel y Occidente como un posible precedente para Egipto.

Khamenei, cuyo clero no árabe chií representa a una rama diferente del islam que profesan los árabes suníes, elogió las movilizaciones en Túnez y en Egipto.

"El despertar del pueblo egipcio islámico es un movimiento de liberación islámico y yo, en nombre del Gobierno iraní, saludo al pueblo egipcio y al pueblo tunecino", dijo Khamenei el viernes en Teherán.

También llamó al Ejército egipcio a apoyar a los manifestantes y a "centrarse en el enemigo sionista". El tratado de paz de 1979 entre Egipto e Israel ha sido un componente clave de la estrategia de seguridad del Estado judío.

Rol de los generales. Las fuerzas armadas, que tienen que desempeñar un papel crucial, parecen estar sopesando sus opciones, satisfechas de haber permitido a miles de egipcios expresar su opinión de una manera nunca vista en el país.

Pero tampoco se están volcando directamente contra Mubarak y esta semana han permitido que leales al presidente vestidos de civil ataquen a los manifestantes.

Un funcionario estadounidense de alto rango, quien rehusó ser identificado, dijo el jueves que Washington estaba discutiendo con los egipcios diferentes escenarios, incluyendo la renuncia inmediata de Mubarak.

Mubarak, sin embargo, en una entrevista con ABC este jueves, dijo que cree que el país aún lo necesita.

"Si yo renuncio hoy, habrá caos", dijo Mubarack, quien ha prometido dar un paso al costado en septiembre. Cuando se le pidió que comentase los llamados a que renuncie, dijo: "No me importa lo que la gente dice de mí. Ahora lo que me importa es mi país".

El diario New York Times citó a funcionarios estadounidenses y diplomáticos árabes diciendo que Washington está discutiendo un plan para que Mubarak entregue el poder a un Gobierno de transición encabezado por el vicepresidente Omar Suleiman, con el apoyo del Ejército egipcio.

Sin embargo, también citó a un funcionario egipcio de alto rango diciendo que la Constitución no permite eso. "Esa es mi respuesta técnica", agregó. "Mi respuesta política es que ellos deberían preocuparse de sus asuntos", sostuvo.

Suleiman también sugirió estar irritado con la interferencia de Estados Unidos en una entrevista en televisión este jueves.

"Hay algunas formas anormales en las que países extranjeros han intervenido a través de declaraciones de prensa y comunicados. Esto es muy extraño, dada la relación amistosa entre nosotros y ellos", afirmó.

Naciones Unidas estima que 300 personas murieron en los disturbios que fueron inspirados en parte por las protestas en Túnez, que obligaron al presidente Zine al-Abidine Ben Ali a huir el mes pasado y que desde entonces se han propagado a otras partes de Oriente Medio.