Sana.  Decenas de miles de personas protestaron este miércoles en Yemen para exigir la renuncia del presidente Ali Abdullah Saleh, una disputa que embajadores del Golfo esperan ayudar a resolver en conversaciones en Arabia Saudita.

Los embajadores del Consejo de Cooperación del Golfo se reunieron con figuras de la oposición en la embajada saudita en Saná para invitarlos a dialogar después que Saleh aceptó el martes su mediación.

"Sólo esperamos cosas buenas de nuestros hermanos. Pero pasará tiempo antes de que podamos hablar de los detalles", dijo el portavoz de los partidos de la oposición yemení Mohammed Qahtan tras la reunión.

Acosado por manifestaciones masivas exigiendo el final de su régimen de 32 años, Saleh se aferra al poder en la nación más pobre de Oriente Medio, desde donde Al Qaeda ha planeado ataques contra Estados Unidos.

El presidente desestimó un plan de transición presentado el sábado por la oposición.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, tenía previsto discutir las revueltas que han sacudido la región con el rey Abdullah, que no ha enfrentado protestas masivas pero está preocupado por las denuncias de discriminación de la minoría chiíta y el desempleo juvenil.

Saleh ha insistido durante semanas en su que dejará este año el poder tras la realización de elecciones parlamentarias y presidenciales, rechazando la propuesta de la oposición de permitir que el vicepresidente Abd-Rabbu Manssur Hadi se transforme temporalmente en jefe de Estado.

"El presidente no dejará su histórico papel anticipadamente, antes de la transición de poder (...) Este asunto es importante", dijo el asesor presidencial Ahmed al-Sufi a la televisión Al Arabiya.

Fuentes de la oposición han dicho que las conversaciones se estancaron en las últimas semanas por las demandas de Saleh de inmunidad judicial para él y si familia ante denuncias de corrupción de la oposición.

El martes una fuente de la oposición dijo que las fuerzas de seguridad en la ciudad portuaria de Aden habían detenido a seis personas por animar a los estudiantes a unirse a una campaña de desobediencia civil iniciada en el sur de Yemen y que llevaron al cierre parcial de tiendas, colegios y algunas oficinas gubernamentales.

Decenas de miles reanudaron el miércoles las protestas en Taiz, al sur de Saná, y las fuerzas de seguridad dispararon al aire para intentar dispersarlos. No hubo reportes de víctimas.

La tensión ha ido en aumento desde el inicio de las protestas en febrero, cuando los manifestantes empezaron a acampar frente a la Universidad de Saná.

Fuerzas de seguridad y hombres armados vestidos de civil dispararon el lunes contra los manifestantes en Taiz y en el puerto de Hudaida, en el mar rojo, matando a 21 personas.

Residentes de Taiz dijeron que las fuerzas de seguridad y hombres armados atacaron el martes a una multitud de decenas de miles de manifestantes, que respondieron lanzando piedras.

Unos 30 manifestantes resultaron heridos por disparos y golpes. Otros 300 sufrieron heridas leves, principalmente por inhalación de gases lacrimógenos.

Washington ha considerado desde hace tiempo a Saleh como una piedra angular de su lucha contra Al Qaeda, que ha usado Yemen como base para atacar Arabia Saudita y Estados Unidos.

A cambio de miles de millones de dólares en ayuda militar, Saleh prometió combatir a los extremistas y permitió ataques aéreos estadounidenses muy impopulares contra campamentos de Al Qaeda.

Pero funcionarios estadounidenses dijeron el lunes que Washington estaba aumentando la presión sobre Saleh para una transición del poder.

El Pentágono dijo el martes que Estados Unidos abogaba por una transición en Yemen "lo antes posible."

"Obviamente la situación ahora mismo es difícil. Cuanto más se encone, más difícil se volverá", dijo el secretario de Prensa del Pentágono, Geoff Morrell.