Asadabad, Afganistán. Insurgentes talibanes secuestraron cerca de 50 policías afganos fuera de servicio en una emboscada en una volátil provincia del noreste de Afganistán, dijeron este domingo el grupo militante y funcionarios provinciales.

Militantes liderados por los talibanes han intensificado su lucha este año contra el gobierno afgano y sus aliados occidentales, mientras Kabul pretende entregar la responsabilidad en seguridad de siete áreas a las fuerzas locales en julio.

Los policías fueron secuestrados por militantes en el distrito Chapa Dara, de la remota provincia noreste de Kunar, después de regresar de la vecina provincia de Nuristan donde habían viajado para cobrar sus salarios, dijo el gobernador de Nuristan, Jamaluddin Badr.

"Los policías estaban en ropas civiles y no portaban armas", dijo Badr a Reuters desde Nuristan.

Mohammad Farooq, un funcionario policial de alto rango de Nuristan, confirmó que cerca de 50 policías habían sido raptados por insurgentes.

En un comunicado a través de un correo electrónico enviado a los medios, el portavoz de los talibanes Zabihullah Mujahid dijo que el grupo islamista tenía a 50 policías y que el consejo militar del grupo para el área decidiría su destino.

Kunar y Nuristan son provincias remotas y montañosas que comparten una frontera porosa con áreas sin ley de la vecina Pakistán, donde se dice que los insurgentes tienen refugios de seguridad desde donde lanzan ataques a Afganistán.

Los últimos incidentes destacan algunas de las dificultades que enfrentan las tropas de Estados Unidos y la OTAN mientras comienzan a entregar responsabilidades de seguridad a los afganos, lo que permitirá que los soldados extranjeros se retiren gradualmente de una guerra que ya lleva casi 10 años.

Se prevé que el proceso anunciado esta semana termine con el retiro de todas las tropas extranjeras del país en 2014.

La transición fue acordada por líderes de la OTAN y de Estados Unidos el año pasado, cuando la guerra había alcanzado su fase más sangrienta desde que los talibanes fueron derrocados por fuerzas afganas lideradas por Washington a fines del 2001, con bajas récord de civiles y militares.