Copiapó. Con dificultades para dormir y recuerdos que lo abruman está Mario Sepúlveda, el segundo minero chileno en ser rescatado del grupo de los 33 y que salió el martes tras un operativo de rescate que tardó 69 días en tener éxito.

Mario Sepúlveda logró fama mundial por ser el más carismático de los mineros, lo que demostró al salir eufórico de la cápsula que lo llevó de vuelta a la superficie.

Es tanta la fuerza de su personalidad que ha recibido hasta ofertas de canales de televisión para que tenga su propio programa de televisión, según confidenció en una entrevista en exclusiva publicada este domingo por Daily Mail.

Mientras aún permanecía en el hospital de Copiapó recuperándose de los problemas provocados por el encierro, Mario Sepúlveda reconoció al medio británico que cuando se produjo la explosión de rocas del 5 de agosto que los atrapó no sintió miedo, porque sabía de la existencia del refugio. Sin embargo, cuenta que hubo colegas que entraron en estado de pánico.

Narró que una vez que pasó la nube de polvo se puso a caminar por los túneles hasta que llegó a la roca enorme que había bloqueado sus posibilidades de salida. Siguió caminando por horas hasta que halló el ducto de ventilación, el cual debía tener una escalera para llevarlos a la superficie. Sin embargo, la escalera no existía, por lo que trató de escalar, pero las rocas estaban blandas y le cayeron en la cara. Le aflojaron un diente y le dejaron sangrando la boca.

“Ese fue un momento de desesperación, así que volví donde el resto de los muchachos y les dije que no había manera de salir”, contó en la entrevista.

Así se organizaron en grupos para efectuar faenas que ayudaran a la supervivencia y colaboraran ante un eventual rescate.

Sintieron cuando los rescatistas trataban de llegar a donde estaban a través de la boca de la mina, pero luego de 15 días de trabajo hubo otros dos de silencio. Fueron momentos terribles: “estábamos seguros que nos habían abandonado (…) Esos 17 días fueron un infierno”, confesó.

La sensación cambió cuando percibieron que ahora los equipos de rescate estaban taladrando por arriba del refugio. “Ahí nos pusimos a bailar de pura alegría”, agregó el electricista, quien ha sido reconocido junto a Luis Urzúa como el líder que los organizó y permitió mantenerlos a salvo. Eso incluyó el racionamiento del consumo de unas latas de atún y de media tapa de agua al día, la cual había sido obtenida de unos bidones y radiadores de vehículos pesados que estaban en la mina.

Confidenció que el calor era infernal, con 33 grados Celsius permanentes, lo que los obligaba a permanecer sólo con ropa interior, pese a eso, para subirles el ánimo Mario Sepúlveda nunca dejaba de hacer bromas, “pero a veces era difícil (…) hablan de las lágrimas de un payaso. Ése era yo”, reconoció.

Si hasta habían escrito cartas para sus esposas. Cuando apareció la sonda el 22 de agosto la dicha fue gigantesca. Desde esa fecha las cosas se hicieron más fáciles.

Sepúlveda sabe que su situación económica ahora es muy diferente, pero garantiza que usará el dinero para el bien de su familia.

“No soy una superestrella, soy un minero. Siempre voy a ser minero. Voy a tomar todo el dinero que haga de esto y me aseguraré de que mis hijos tengan un fondo para la universidad. Voy a comprar una casa y me gustaría llevar a mi esposa de vacaciones. Aparte de eso, me gustaría utilizar lo que me ha pasado para ayudar a otros hombres que trabajan. La actitud tiene que cambiar aquí en Chile y el mundo”, exigió.

La periodista del Daily Mail le preguntó si una de las razones por las que habían creado un pacto de silencio era que habían sostenido relaciones sexuales entre ellos, lo que Sepúlveda negó: “No, nunca pasó algo así. Estábamos demasiado ocupados pensando en sobrevivir (…) Sólo hablábamos de nuestras esposas”, dijo, añadiendo que las razones para llegar a tal acuerdo fueron algunas situaciones que avergüenzan a sus colegas, “pero que no tienen nada que ver con lo sexual”, insistió.