Yauca del Rosario, Ica, Andina. Roger Pariona, uno de los nueve mineros atrapados en la mina Cabeza de Negro, afirmó que esperan con tranquilidad y fortaleza el momento de ser rescatados y reencontrarse con sus familias, más aún cuando ya escuchan claramente los trabajos que se realizan, desde el otro lado del derrumbe, para rescatarlos muy pronto.

"Tenemos todas las esperanzas de salir, estamos tranquilos y fuertes", dijo Pariona, quien se encarga de organizar a sus compañeros y de mantenerlos con la moral arriba.

A través de la manguera, ubicada en el socavón de unos 200 metros de largo, y que se ha convertido en el único medio de comunicación entre los rescatistas y por donde se les envía el oxígeno, los alimentos licuados y las medicinas, detalló, que a estas horas ya pueden escuchar los sonidos que generan los trabajos de encofrado de madera que efectúan los ingenieros.

"Sí, podemos escuchar el sonido de los trabajos que están haciendo, sabemos que están cerca y creemos que en pocas horas saldremos. Esperamos que nos rescanten pronto", declaró a la Agencia Andina.

Roger Pariona se encuentra dentro de la mina con su padre, Jacinto Pariona y ambos están bien de salud.

Los especialistas que llegaron a la mina construyen un túnel encofrado de madera para rescatar a los nueve obreros.

Según el reporte oficial de la Dirección Regional del Instituto Nacional de Defensa (Indeci) de Ica entre los mineros atrapados también se encuentran Javier Tapia López, Roger Tapia López y Cucho Aguilar Félix.

Asimismo Jesús Jacatinta Rayme, Carlos Huamaní Galindo, Edwin Bellido Sarmiento y Julio César Huaita.

La mina Cabeza de Negro, situada en el sector de Quilque, del distrito de Yauca del Rosario, está ubicada a unos 38 kilómetros de la ciudad de Ica. El camino es bastante agreste, estrecho, peligroso y zigzagueante. En una camioneta particular se puede llegar en unas dos horas.

La ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Ana Jara, señaló que hacia las 21:00 horas del lunes se había logrado reducir la distancia que separa a los mineros con el mundo exterior a solo tres metros, de un total de ocho metros de derrumbe iniciales.

Los especialistas que llegaron a la mina construyen un túnel encofrado de madera para rescatar a los nueve obreros.

La técnica constituye un trabajo delicado en vista de que las rocas de la zona son muy frágiles, y se aplica con el fin de avanzar con una mayor seguridad hacia donde están los mineros.

El armado del encofrado o cuadros tipo arcos se lleva a cabo con troncos traídos especialmente al lugar de la emergencia.