Copiapó, Chile. La mayoría de los 33 mineros rescatados en Chile despertaron este sábado en sus hogares luego de pasar más de 70 días bajo tierra y si bien han evitado entregar detalles de su experiencia, algunos comenzaron a dar pistas sobre lo traumático que fue estar sepultados.

Aún faltaba darle el alta a dos de los mineros internados en el hospital, según el último parte médico entregado el viernes, pero la mayoría de ellos fueron recibidos en sus casas como héroes con fiestas, globos, banderas y champaña.

En medio de los festejos y con un fuerte acoso de los medios, los mineros han hablado escuetamente del horror por el cual transitaron, al parecer haciendo honor a un tácito pacto de silencio en torno a la peor parte de su encierro, cuando el mundo aún no sabía que estaban vivos en las entrañas de la mina.

Pero Víctor Segovia, quien en la profundidad escribía lo que ocurría en la mina, dio señales acerca de lo traumático de la experiencia.

"Lo bueno de afuera es que si uno tiene pesadillas y se despierta, se da cuenta que está afuera, pero adentro uno tenía sueño y despertaba en la pesadilla", apuntó Segovia, quien era conocido como el escritor de la mina entre sus compañeros, en una entrevista con Reuters Televisión.

El diario local La Tercera publicó este sábado fotos hasta ahora inéditas de las maniobras de rescate al interior de la mina que muestran a los socorristas revisando a los trabajadores encerrados en una caverna oscura y rocosa.

Los mineros sobrevivieron 17 días con pequeñas dosis de galletas y pescado enlatado, sin tener ninguna esperanza de que serían rescatados. Luego estuvieron en contacto con la superficie a través de un "cordón umbilical" que les llevó comida, juegos, medicinas y cartas de sus familias.

En las imágenes tomadas bajo tierra se los vio en general de buen animo y como un grupo organizado que desarrolló tareas para facilitar su rescate.

"Pero igual había problemas como en toda familia, mucho tiempo juntos, empiezan los problemas, peleas, pero nada grave", señaló Segovia.

El viernes, los familiares de Ariel Ticona, quien vio el parto de su hija Esperanza bajo tierra, lo recibieron con papel picado, aplausos y una fiesta en su casa.

A pocas cuadras, la escena se repetía en la vivienda de Mario Gómez, de 63 años, el más veterano del grupo y quien envió una carta romántica a su mujer cuando se supo que estaban con vida.

"La verdad es que a uno tiene que pasarle algo en la vida para reconocer y recapacitar (...) y ahí quise expresarle todo mi sentimiento a mi señora", confesó a la emisora local Canal 13.

Sin embargo, Gómez no quiere dar detalles de lo que vivió bajo tierra.

"Va a llegar un momento en que se va a saber todo pero hay que tener paciencia y hay que esperar", apuntó.

Volver a la mina. Tras el accidente, los familiares comenzaron a acampar en la mina con la esperanza de que los mineros estuvieran vivos. Luego, la espera se extendió hasta el rescate y en el último tramo del operativo, el "Campamento Esperanza" se pobló de miles de periodistas de todo el mundo que llegaron al lugar para cubrir la historia.

Segovia y Gómez han dicho que quieren subir a la mina el domingo, cuando se celebraría una ceremonia religiosa en honor a los sobrevivientes.

Pero otros como Ariel Ticona, de 29 años, han dicho que no, que aún es muy pronto para retornar al lugar donde vivieron una de las historias de supervivencia más impactantes de los últimos tiempos.

"En este momento lo veo difícil subir a la mina", señaló Ticona con uno de sus hijos en brazos y ante una multitud de periodistas, mientras su familia lo esperaba con papel picado, gritos, carteles y su comida favorita.

Sin embargo, no descartó una visita en el futuro próximo.

"A lo mejor sí para ver cómo se transformó en una ciudad", afirmó antes de entrar a su casa donde su familia lo esperaba con aplausos.

El minero Edison Peña, que sorprendió con sus relatos de que corría hasta 10 kilómetros diarios en el interior del pique para entrenarse y matar la angustia, dijo que la fama repentina es difícil de manejar.

"Para mí fue incómodo porque lógicamente no estaba acostumbrado a esto (...) Yo solamente quiero tener una vida normal, quiero poder salir a correr, quiero mi bicicleta feita", señaló.