Haffeh, Siria. Un convoy de Naciones Unidas llegó a la localidad siria de Haffeh el jueves y la encontró casi desierta, con edificios estatales incendiados, tiendas abandonadas y un cuerpo en la calle, dijo un fotógrafo de Reuters que viajaba con el contingente.

Luego de días de intensos choques entre las fuerzas leales al presidente Bashar al-Assad y los rebeldes, el convoy entró a Haffeh dos días después de que los observadores fueron obligados a regresar desde el lugar en medio de ataques de airados residentes.

El enviado internacional Kofi Annan declaró el lunes que estaba preocupado por las personas atrapadas en Haffeh, mientras que Estados Unidos indicó que temía "una potencial masacre". Los rebeldes se retiraron de la zona el martes por la noche.

De los edificios destruidos salían columnas de humo y había autos quemados esparcidos por la ciudad, donde también se veían indicios de fuertes bombardeos. Los observadores vieron a sólo dos personas, pero ambas se negaron a hablar sobre lo que había ocurrido.

Las principales oficinas del partido gobernante Baath, la oficina postal y una sede del Ministerio de Agricultura fueron incendiadas. Un cuerpo se hallaba tirado en el pavimento.

En marzo del año pasado estalló una revuelta prodemocrática contra el Gobierno autoritario de Assad, pero las protestas se han vuelto cada vez más violentas debido a la represión de las fuerzas estatales, que según la ONU mataron a 10.000 personas.

El subsecretario general de las Operaciones de Paz de la ONU, Herve Ladsous, cree que el conflicto ya es una guerra civil en la que el Gobierno ha perdido "grandes porciones de territorio en varias ciudades frente a la oposición" y está intentando recuperarlas.