Tripoli. Muammar Gaddafi prometió morir en Libia como un mártir en un exaltado discurso por televisión el martes, luego de que soldados rebeldes dijeron que una región del este del país se había liberado de su control en medio de una efervescente revuelta.

"No voy a dejar esta tierra, moriré aquí como un mártir", dijo Gaddafi en el canal estatal, negándose a ceder a las demandas de sus propios diplomáticos, soldados y manifestantes, que claman en las calles que ponga fin a su gobierno de cuatro décadas.

"Me voy a mantener aquí desafiante", agregó.

Asimismo, llamó a la población a salir a las calles a defender al gobierno y señaló que había que enfrentar la agresión extranjera.

Además, dijo que aplicaría incluso la pena de muerte contra quienes se han rebelado a su gobierno.

Más temprano, testigos que huían hacia Egipto a través de la frontera indicaron que Gaddafi está usando tanques, aviones de guerra y mercenarios para luchar contra crecientes manifestaciones en su contra.

Explosiones esporádicas podían oírse en la ciudad oriental de Tobruk, según indicaron residentes a un corresponsal de Reuters, la última señal de que el mandato de Gaddafi sobre la nación productora de gas y crudo se estaba debilitando.

"Todas las regiones orientales están fuera del control de Gaddafi ahora (...) La gente y el Ejército están juntos aquí", señaló el ahora mayor retirado de la armada Hany Saad Marjaa.

La Casa Blanca ofreció sus condolencias por la "atroz violencia" en Libia y dijo que la comunidad internacional tiene que hablar con una sola voz sobre la crisis.

La agencia de refugiados de Naciones Unidas instó a los vecinos de Libia a no dar la espalda a quienes huyen de la violencia, que fue impulsada por décadas de represión y revueltas populares que derrocaron líderes en Túnez y Egipto.

En el lado libio de la frontera con Egipto, rebeldes anti Gaddafi armados con palos y rifles Kalashnikov daban la bienvenida a los visitantes.

Cientos de refugiados se dirigían a Egipto a bordo de tractores y camiones, describiendo una ola de matanza y pillaje desatado por la revuelta.

En la ciudad de Al Bayda, el residente Marai Al Mahry dijo por teléfono a Reuters que 26 personas, incluyendo a su hermano Ahmed, murieron a tiros durante la noche a manos de leales de Gaddafi.

"Te disparan sólo por caminar por la calle", dijo, llorando inconsolablemente mientras pedía ayuda.

Los manifestantes eran atacados con tanques y aviones de guerra, declaró.

"Lo único que podemos hacer ahora es no rendirnos, no entregarnos, no retroceder. Moriremos de cualquier forma, nos guste o no. Está claro que no les interesa si vivimos o no. Esto es genocidio", dijo Mahry, de 42 años.

Human Rights Watch dice que al menos 233 personas han muerto y grupos de oposición estiman cifras mucho mayores, pero es imposible tener una verificación independiente.

La revuelta en Libia, miembro de la OPEP, ha elevado profundamente los precios del petróleo a un alza de dos años y medio con el barril por sobre los 108 dólares. La OPEP dijo que producirá más crudo si los suministros de Libia quedan interrumpidos.

Refugiados que huían hacia Egipto narraron una ola de violencia y crimen.

"Cinco personas murieron en la calle donde vivo", contó a Reuters Mohamed Jalaly, de 40 años, en Salum cuando se dirigía a El Cairo desde Bengasi. "Sales de Bengasi y no tienes (...) más que bandas y jóvenes con armas", añadió, señalando que el camino desde Bengasi es extremadamente peligroso.

Los guardias libios se retiraron de su lado de la frontera y los nuevos gobernantes militares de Egipto - que asumieron el poder tras la caída de Hosni Mubarak el 11 de febrero - dijeron que el cruce principal se mantendrá abierto las 24 horas para permitir el ingreso de enfermos y heridos.

Fuerzas de seguridad reprimieron ferozmente las protestas en todo el país, con la lucha extendiéndose a la capital Trípoli tras brotar en el este petrolero del país la semana pasada.

Con las luchas intensificándose en todo el país, algunos partidarios de Gaddafi comenzaron a abandonarlo. El embajador del país en India, Ali al-Essawi, renunció a causa de la represión y dijo a Reuters que mercenarios africanos fueron reclutados para ayudar a sofocar las manifestaciones.

"La caída de Gaddafi es el imperativo del pueblo en las calles", declaró.

Dasafío y condena. El domingo, el hijo de Gaddafi Saif prometió que su padre lucharía "hasta el último hombre" y el martes el líder libio apareció en televisión tras días de aislamiento para negar los reportes de que había huido a Venezuela, país gobernando por su amigo, el presidente socialista Hugo Chávez.

"Quiero mostrar que estoy en Trípoli y no en Venezuela. No le crean a los canales que pertenecen a perros descarriados", señaló Gaddafi, quien ha gobernado Libia con una mezcla de populismo y fuerte control desde que asumió el poder en un golpe militar de Estado en 1969.

Las potencias mundiales condenaron el uso de la fuerza contra manifestantes, con el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, acusando a Libia de disparar a civiles desde aviones militares y helicópteros. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió a puertas cerradas para discutir sobre Libia.

Washington y Europa exigieron dar fin a la violencia y el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, declaró que "una familia gobernante, amenazando a su pueblo con la guerra civil, traspasó los límites".

Las manifestaciones se extendieron hacia Trípoli desde la segunda mayor ciudad del país, Bengasi, cuna de la revuelta que absorbió a un número de ciudades y la que residentes dicen está en manos de los manifestantes.

Residentes indicaron que había compradores ansiosos haciendo fila fuera de las tiendas para abastecerse de comida y bebidas. Parte del comercio estaba cerrado.