Johannesburgo. El ex mandatario sudafricano Nelson Mandela fue dado de alta el domingo desde un hospital en Sudáfrica tras ser atendido por un dolor abdominal crónico, informó la oficina del presidente Jacob Zuma.

Las pruebas realizadas al ex mandatario "no indican nada muy grave" en la salud del líder anti-apartheid de 93 años, y ha sido enviado a casa, dijo el comunicado del gobierno sudafricano.

Anteriormente, el ministro de Defensa Lindiwe Sisulu dijo que Mandela había sido sometido a una "laparoscopia de investigación", que consiste en insertar una pequeña cámara en el abdomen, y negó las informaciones de que había sido operado de una hernia.

"No fue la operación que ha aparecido en los medios, en absoluto", dijo Sisulu en una sesión informativa en Ciudad del Cabo. "Está bien. Está todo lo bien que se puede estar a su edad, y con buen aspecto".

La salud de Mandela ha estado frágil desde que fue hospitalizado hace un año con problemas respiratorios, y no ha aparecido en público desde entonces.

Su ingreso el sábado a un hospital renovó los temores por la salud del primer presidente negro de Sudáfrica, que aún ocupa un papel central en la mitología de un país gobernado por la minoría blanca hasta las elecciones interraciales de 1994.

Pese al cariño popular generalizado, la mayoría acepta que Mandela, que estuvo 27 años encarcelado por el gobierno del apartheid, podría no vivir mucho más.

"Le deseamos lo mejor", dijo el residente de Soweto Ronny Zondi. "Pero teniendo en cuenta su edad, tenemos que aceptar que no podrá seguir con nosotros mucho tiempo. Desearíamos que Dios le pudiera mantener más tiempo aquí".

Su última gran aparición pública se produjo en julio de 2010 en la final del Mundial de fútbol en el estadio Soccer City de Johannesburgo. El líder pasa el tiempo entre Johannesburgo y la población de sus ancestros, Qunu, en la empobrecida Provincia Oriental del Cabo.

Las declaraciones públicas del Gobierno sobre el ingreso de Mandela han sido más transparentes esta vez.

Hace un año, la oficina de Zuma tardó horas en confirmar a los medios de comunicación de su débil estado de salud, dando lugar a una avalancha de periodistas internacionales y locales a las afueras del hospital Milpark de Johannesburgo.