Mardan. Un niño de 12 años con uniforme escolar se inmoló este jueves en un centro de reclutamiento del ejército pakistaní, provocando la muerte a 31 cadetes, dijeron funcionarios, en un ataque que desafía los dichos del Gobierno respecto de que debilitó a los militantes.

El Ejército de Pakistán ha llevado a cabo una serie de ofensivas contra los insurgentes talibanes vinculados con Al Qaeda, que se atribuyeron la responsabilidad del ataque.

Las operaciones en las anárquicas zonas tribales a lo largo de la frontera afgana no han logrado quebrantar la resolución de los combatientes talibanes decididos a desestabilizar al gobierno respaldado por Estados Unidos.

La bomba en la localidad noroccidental de Mardan sugiere que los militantes se están reagrupando tras un período de relativa calma.

En una muestra del nerviosismo del gobierno en temas de seguridad, los soldados que estaban en la puerta del complejo militar registraban a los conductores antes de permitirles que ingresaran los féretros en el recinto.

"El suicida atacó a los reclutas cuando estaban realizando su entrenamiento matutino", dijo un funcionario militar a Reuters. Al menos 20 personas resultaron heridas.

El muchacho aparentemente entró caminando al recinto, dijeron funcionarios.

Las operaciones extremistas en los últimos meses han sido principalmente sectarias y no se han concentrado en objetivos militares.

"Parece que los talibanes son una fuerza aún muy poderosa porque continúan atacando instalaciones, aunque hayan estado callados un tiempo", dijo el general Talat Masood.

"Se reafirman tras un tiempo y llevará tiempo considerarlos algo menos que una amenaza", añadió.

Los talibanes han lanzado anteriormente atentados contra el Ejército, que es la institución más poderosa de este país, que cuenta con capacidad nuclear.

El pasado marzo, dos suicidas mataron con una bomba a al menos 45 personas en la ciudad de Lahore, entre ellos nueve soldados.

En el 2009, los talibanes se disfrazaron de soldados para atacar la sede del Ejército en Rawalpindi y luego tomaron a 42 rehenes de un edificio de oficinas cercano.

El primer ministro, Yusuf Raza Gilani, condenó el ataque de este jueves en el centro de Punjab.

"Ataques tan cobardes no pueden afectar a la moral de las instituciones de seguridad y la determinación del país para erradicar el terrorismo", dijo en un comunicado.

El Gobierno de Gilani afronta presión en varios frentes.

Está intentando revivir una economía estancada con un préstamo del Fondo Monetario Internacional de US$11.000 millones que requiere delicadas reformas políticas.

El descontento público está creciendo por la corrupción oficial, la pobreza rampante y los cortes energéticos.

Washington, fuente de miles de millones de dólares en ayuda, está presionando a Pakistán para que intensifique su guerra contra los extremistas locales y los que cruzan la porosa y larga frontera para atacar a las fuerzas extranjeras en Afganistán.