Christchurch. Cientos de trabajadores de rescate extranjeros se unirán este jueves a los exhaustos equipos neozelandeses en una búsqueda cada vez más desesperada de supervivientes del sismo en los devastados edificios del centro de Christchurch en una carrera contra el tiempo.

Las autoridades han perdido la esperanza de encontrar a alguien con vida bajo el edificio hundido de la cadena Canterbury Television (CTV), donde también había una escuela de idiomas con varios estudiantes extranjeros. Una niveladora llegó para apartar los escombros.

La policía advirtió de que el posible derrumbe de un hotel de 26 pisos podría desencadenar un efecto dominó en los edificios de alrededor.

El alcalde de Christchurch, Bob Parker, dijo que la ciudad, que suele padecer sismos, tendrá que afrontar decisiones duras a la hora de reconstruir su centro.

"No nos vamos a ir de este sitio", dijo a la televisión de Nueva Zelanda. "Podríamos tener que nivelar manzanas enteras en algunos lugares", agregó.

El director del ministerio de Defensa Civil y Gestión de Urgencias, John Hamilton, dijo que los equipos de rescate tienen un período de sólo dos o tres días para encontrar a gente con vida tras el temblor del martes, de 6,3 grados de magnitud en la escala Richter.

Se ha confirmado la muerte de 75 personas, aunque se espera que la cifra final aumente, al haber más de 300 desaparecidos en la segunda mayor ciudad del país.

Se cree que hasta 100 de ellos estaban en el edificio de la CTV, según la policía.

Gran parte de la ciudad seguía sin electricidad ni agua, y cientos de personas hacían cola para al abastecimiento.

Este ha sido el desastre natural más letal en Nueva Zelanda en los últimos 80 años, y una estimación dijo que los daños podrían costar US$12.000 millones.

Para evitar más muertes y controlar los delitos, la policía y el Ejército decretaron un toque de queda durante la noche en el distrito financiero central, los soldados patrullaban en vehículos blindados mientras las réplicas seguían afectando al centro.

Más derrumbres. Las autoridades también establecieron una zona de exclusión en los alrededores del hotel, que se tambaleaba casi a punto del derrumbe, amenazando edificios cercanos.

"Si se cae el Hotel Grand Chancellor, y tres ingenieros dicen que hay un riesgo significativo, será dramático, un efecto dominó en el centro de la ciudad para otros edificios inestables. Será un desastre importante", dijo el superintendente de la policía Dave Cliff.

Los equipos de emergencia tuvieron que realizar amputaciones para liberar a alguno de los 120 supervivientes rescatados de entre los restos del terremoto, que fue el segundo en afectar a esta ciudad turística histórica en cinco meses.

Sin embargo, hubo momentos de júbilo. Una mujer, Ann Bodkin, fue rescatada del edificio de una compañía financiera destruida tras un día atrapada debajo de un escritorio.

Cliff dijo que hasta 100 cadáveres podrían estar sepultados por el edificio de la televisión, mientras que decenas más podrían estar debajo de los escombros de la destruida catedral y otros edificios cercanos.

Se declaró un estado de emergencia nacional. Es el peor desastre natural del país desde que un terremoto afectó en 1931 la ciudad de Napier, en el que murieron 256 personas.

Miles de personas se enfrentaban a una segunda noche en albergues de emergencia en escuelas locales, salones comunitarios y un hipódromo. El Papa Benedicto XVI envió un mensaje de apoyo a los supervivientes y a los equipos de rescate desde el Vaticano.

Equipos de rescate procedentes de Estados Unidos, Reino Unido, Taiwán y Japón llegan el jueves a Nueva Zelanda, donde ya hay 148 especialistas australianos.

Las estimaciones del gran impacto económico del terremoto empiezan a emerger. J.P. Morgan estimó pérdidas cubiertas por los seguros por US$12.000 millones.