Observadores de Naciones Unidas entraron el sábado a la aldea siria de Tremseh, dos días después de que activistas reportaran la muerte de hasta 220 personas en una ofensiva militar de las fuerzas del Gobierno y ataques de milicianos, lo que provocó la indignación de la comunidad internacional.

Estados Unidos calificó a los líderes de Siria como asesinos después del ataque lanzado por las fuerzas del presidente Bashar al-Assad, pero no se han producido avances en los debates de las potencias mundiales sobre cómo poner fin al baño de sangre.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, también condenó lo que sus observadores consideraron como un bombardeo "indiscriminado" que incluyó helicópteros de combate en el pueblo de Tremseh, en la provincia rebelde de Hama, y cuestionó el compromiso de Assad con el plan de paz para Siria.

La portavoz de la ONU en Damasco, Sausan Ghosheh, confirmó que un equipo de observadores enviado a Tremseh para evaluar los hechos sobre la matanza había arribado al pueblo.

Siria ha rechazado las acusaciones de que hubo una masacre y dijo que el ataque del jueves fue una operación militar exitosa para matar a un enorme número de "terroristas", pero no a civiles.

El derramamiento de sangre continuaba el fin de semana.

Un grupo que reporta incidentes de violencia dijo que 30 personas perdieron la vida en Siria el sábado, muchos de ellos en ofensivas del Ejército en la provincia de Hama, el centro de la revuelta de 17 meses a favor de la democracia que según las potencias de Occidente ha causado la muerte de 17.000 personas.

Relatos de activistas de oposición dijeron que la cifra de muertos se sitúa entre 100 y 200 personas, lo que de todas formas deja al bombardeo como uno de los incidentes más sangrientos reportados en los 17 meses del conflicto.

"Estábamos rodeados por cuatro lados (...) con tanques y vehículos blindados, y los helicópteros nos sobrevolaban", dijo un hombre no identificado en un video casero supuestamente filmado en Tremseh y que fue publicado el sábado en internet.

"Ellos quemaron a personas frente a nosotros, tomaron a hombres así (gesto) y los apuñalaron", dijo, señalando a su pecho y luego a una arteria en su cuello. Afirmó que la garganta de uno de sus primos fue cercenada.

Hileras de cadáveres. Un grupo de combatientes rebeldes se apresuró a proteger la aldea después de que fue atacada con infantería y equipos de artillería, lo que desató un combate que duró siete horas.

En una situación vista en otras partes del país en los últimos meses, los rebeldes acusaron a milicianos como los shabbiha, de la minoría alauita a la que pertenece Assad, de intervenir en la batalla y matar a sus vecinos sunitas en un ataque sectario al que calificaron como limpieza étnica.

Un activista de Tremseh llamado Ahmed dijo a Reuters que había 60 cuerpos en una mezquita, de los cuales 20 habían sido identificados. "Hay más cuerpos en los campos, cadáveres en los ríos y en las casas", manifestó.

Un extracto de un video que aparecerá en internet mostraba los 15 cuerpos de jóvenes con sus rostros o camisetas ensangrentados. La mayoría llevaba camisetas y jeans. No había mujeres o niños.

Otros videos han mostrado hileras de cuerpos envueltos en sábanas, frazadas o mortajas improvisadas, algunos goteando sangre. Un hombre apartó una frazada para mostrar un cuerpo quemado. Varios colocaron los restos envueltos sobre una trinchera para realizar ritos fúnebres.

En contraste a Estados Unidos, que dijo que los líderes sirios eran asesinos, China sólo condenó con firmeza "el comportamiento que perjudica a civiles inocentes", pero no responsabilizó a nadie por el ataque del jueves en Tremseh.

China y Rusia continúan bloqueando los esfuerzos de Occidente por imponer sanciones más duras contra Siria o tomar medidas que puedan llevar a un cambio de régimen en Damasco.

"Instamos a todas las partes relevantes en Siria a tomar pasos prácticos, a detener de inmediato la violencia y proteger encarecidamente a los civiles", dijo en un breve comunicado el ministro de Relaciones Exteriores de China, Liu Weimin.

Assad, que asumió el poder de manos de su fallecido padre hace 12 años, cuenta con suficiente poder militar como para reprimir a la oposición y posee el respaldo de la chiita Irán y de Rusia, su antiguo aliado de la Guerra Fría.

Moscú rechaza la insistencia de las potencias de Occidente de que Assad deber dejar el poder y dice que el proceso de paz debe gestarse dentro de Siria.

Rusia recibirá la semana próxima al enviado especial de la ONU, Kofi Annan, mientras los diplomáticos en el Consejo de Seguridad del organismo reanudan sus esfuerzos para salvar las diferencias sobre cómo elevar la presión sobre Damasco.