Copiapó. “Cuando salga, lo voy a abrazar y besar y le diré que lo amo…” afirma Verónica Quispe, en el campamento Esperanza. Ella es la esposa de Carlos Mamani, el minero boliviano que se encuentra atrapado en la mina San José junto a otros 32 chilenos.

Mientras habla, mira alrededor y un enjambre de periodistas está pendiente de sus palabras. A diferencia de hace dos meses, cuando llegó La Razón a la mina chilena de Copiapó, ella luce sonriente. Tiene la apariencia de una persona coqueta, se hizo cortar el cabello y lleva las uñas pintadas de un rojo profundo.

No sonríe de frente; sino que gira el rostro, se acomoda el cabello y mira hacia otra parte como cuando la figura de TV, Mario Kreutzberger, más conocido como Don Francisco, le pregunta qué será lo primero que va a hacer cuando vea salir a su esposo Carlos. Luego, en la misma carpa donde habló con el popular animador chileno, confiesa despacio que sería lindo conocer Europa.

Y no es sólo un sueño, a Carlos Mamani y Verónica, junto a los otros 32 mineros, les han invitado a conocer Grecia. Además hay dos clubes de fútbol que los quieren ver en sus estadios: el Real Madrid de España y el Manchester United, de Inglaterra.

De vuelta a la mina, ella no confirma ni tampoco niega que Carlos esté entre los primeros mineros en salir a la superficie. Antes de ayer, cuando le envió una carta, él sólo le dijo que estaba ansioso por salir y que únicamente restaba dar un pasito antes del ansiado reencuentro. “No me han dicho nada las autoridades sobre eso, si van a salir antes o después”.

Este lunes, por la tarde, Verónica estuvo acompañada por el cónsul de Bolivia en Antofagasta, Guillermo Romero. Él le anunció que el presidente Evo Morales ira a verlos durante esta jornada.

Pero no será el único que llegue hasta este punto minero distante a una hora de Copiapó. También se anunció la visita del cónsul boliviano en Santiago, Wálker San Miguel, y de los hermanos de Carlos.

La semana anterior llegaron hasta el campamento Esperanza 17 familiares de Carlos, quienes viajaron desde Bolivia para dar la bienvenida, luego de estar 67 días atrapado a 700 metros bajo la superficie.

Mientras Verónica sueña con el reencuentro con su marido, se le escapa una frase: “Yo sólo quiero que él salga. Para los dos, será como volver a vivir”.

Las esposas preparan la recepción. Algunas ya compraron portaligas, otras se pondrán corsés y una se hizo mechas doradas en su cabellera: las mujeres de los 33 mineros se aprontan para lo que será su propia fiesta. "Me hice un cambio completo de look", cuenta la pareja del Claudio Yáñez.

Una botella de vino les espera para brindar. Afuera, en la superficie, ya está todo listo para recibir a los atrapados. Desde la noche del domingo vuelan los helicópteros por el cielo del tranquilo pueblo de Copiapó.

Viajaron desde la mina de San José hasta la intersección de las calles Carrera y Vicuña, allí queda el hospital de Copiapó. Pero, si hubiera mal tiempo, entonces se enviaría a los mineros por carretera. En el simulacro, se tardó 33 minutos hasta el nosocomio.

Después de la atención médica, los mineros podrán descorchar una botella de vino que tiene su nombre. En la intendencia, se guarda como tesoro esta reliquia que llegará hasta cada familia de los trabajadores del subsuelo.

Pero, de vuelta a la mina, el fin de semana se envió a los mineros atrapados ropa para la jornada de rescate. Y no se dejó al azar ningún detalle. Por ejemplo, la Agencia Espacial Japonesa envió calzoncillos que absorben olores y evita las bacterias.