Madrid. La tercera visita del papa Benedicto XVI a España por la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) llena las calles de Madrid en los calurosos días de agosto y no sólo mueve a enjambres de jóvenes peregrinos, sino también a ciudadanos descontentos con un evento que consideran suntuoso e inadecuado en la actual coyuntura económica.

El miércoles por la tarde está previsto que miles de manifestantes -convocados por más de un centenar de organizaciones laicas y cristianas- protesten por calles céntricas de la capital española contra la visita del sumo pontífice en un momento de fuerte crisis económica y altísimo nivel de desempleo, con uno de cada cinco españoles sin trabajo.

Bajo el lema "De mis impuestos, al papa cero", la manifestación cruzará la Puerta del Sol, punto emblemático para el movimiento de los "indignados" del 15 de mayo, que por su naturaleza poliédrica no ha mostrado un apoyo expreso a la marcha, aunque numerosas asambleas de barrio de la ciudad ya se han adherido a su manifiesto.

"Es complicado aventurar una cifra por el mes en que nos encontramos y la movilización incierta que puedan tener las redes sociales, pero esperamos la asistencia de varios miles de personas", dijo Fernando Delgado, presidente de Europa Laica, una de las organizaciones que coordinan la protesta, en conversación telefónica con Reuters.

No es una manifestación antipapa. El sacerdote Evaristo Villar, miembro de Redes Cristianas, otra de las organizaciones promotoras, dijo la semana pasada a periodistas que el objeto de la protesta no es la figura del Papa, sino el apoyo institucional a su visita y el coste que supondrá para las arcas públicas españolas, principalmente en la forma de exenciones fiscales y cesión de servicios públicos.

"No estamos organizando una manifestación antipapa (...) estamos defendiendo un estado laico y que no se utilice el dinero público en favor de una institución como la iglesia católica ... Un evento de esta categoría no cuenta en una sociedad con cinco millones de parados".

Guerra de cifras. Mientras que la organización de la JMJ insiste en que la financiación del evento (unos 50,5 millones de euros) no tendrá coste alguno para el contribuyente, extremo refrendado por el propio Gobierno, los impulsores de la manifestación calculan los gastos totales para el erario público en unos 100 millones de euros. Curiosamente esta es la misma cuantía en que los organizadores de la JMJ cifran el impacto positivo que tendrá el evento en la economía española.

Buena parte de los costes estará ligado a las desgravaciones fiscales que se apuntarán las empresas patrocinadoras y a la pérdida de ingresos en transporte por los descuentos especiales para peregrinos (del 80% respecto a los abonos que pagan los turistas), que Europa Laica calcula en 20 millones de euros.

Otra partida de gasto importante será el fuerte dispositivo de seguridad que apareja una visita papal, un aspecto que levantó fuertes críticas en Reino Unido cuando Benedicto XVI visitó este país hace casi un año.

El sindicato policial UFP estimó el martes en 2,5 millones de euros el coste del dispositivo de seguridad extraordinario montado para la visita del Papa, dinero que se cargará contra el fondo por productividad de la policía nacional.