Port Said, Egipto. Al menos 74 personas murieron cuando hinchas de fútbol se enfrentaron en un partido en Egipto, lo que provocó que aficionados y políticos arremetieran este jueves contra la junta militar gobernante por no impedir el peor suceso de violencia desde la caída de Hosni Mubarak.

Al menos 1.000 personas resultaron heridas este miércoles cuando seguidores de un equipo invadieron el campo en la ciudad costera de Port Said, después de que el equipo local Al Masry venciera al visitante de El Cairo, Al Ahli, el club de más éxito de Egipto.

Políticos airados denunciaron la falta de seguridad en el partido y acusaron a los líderes militares de permitir, o incluso provocar, los disturbios. Los Hermanos Musulmanes, el grupo islámico que domina el parlamento, vio una mano "invisible" tras los sucesos.

Las calles de la ciudad permanecían en calma al amanecer, con apenas presencia policial o militar.

"La junta militar quiere demostrar que el país se dirige al caos y la destrucción. Son hombres de Mubarak. Están aplicando su misma estrategia cuando dicen 'o nosotros o el caos'", dijo Mahmud el Nagar, un técnico de laboratorio de 30 años, y miembro de la Coalición de la Juventud Revolucionaria en Port Said.

"Todo lo que ha ocurrido no ha sido por el juego. Es político. Estaba orquestado por la junta militar para ir contra los 'Ultras'", dijo Abdulah el-Said, un conductor de 43 años en Port Said. "La junta militar quería castigar a los ultras por apoyar a los manifestantes desde el principio de la revolución".

"Abajo con la junta militar", corearon miles de egipcios en la principal estación de tren de El Cairo, donde se reunieron con aficionados heridos a su regreso de lo que un ministro calificó como los peores sucesos violentos en la historia del fútbol egipcio.

Cientos de manifestantes se congregaron en el exterior del edificio de la televisión pública y para hoy hay marchas convocadas por toda la capital.

El general Mohamed Husein Tantawi, de 76 años, que dirige la junta militar gobernante, ofreció inusualmente una entrevista por teléfono a un canal de televisión, la cadena deportiva propiedad del club Al Ahli, y prometió investigar los hechos. El Ejército anunció tres días de luto nacional.

"Lamento profundamente lo ocurrido en el partido de fútbol en Port Said. Mis condolencias a las familias de las víctimas", dijo Tantawi en declaraciones difundidas por la televisión pública.

No obstante, sus comentarios no aplacaron la ira de los fans, que como muchos egipcios, están furiosos porque Egipto se haya convertido en un país sin ley con frecuentes conatos de violencia letal casi un año después de que Mubarak fuera derrocado y sustituido por un consejo militar.

Igual que en anteriores brotes, los disturbios rápidamente se volvieron políticos. El parlamento tiene previsto celebrar una sesión de emergencia a lo largo del jueves para debatir el suceso.

"El pueblo quiere la ejecución del general de campo", cantaban los hinchas en la estación. "Queremos garantizar sus derechos, o morir como ellos", dijeron mientras los cadáveres de las víctimas eran bajados de los trenes.

Vacío de seguridad. La invasión del campo al término del encuentro provocó el pánico entre la multitud en medio de la lucha de las aficiones rivales. La mayoría de las muertes se produjeron por pisotones y aplastamientos por la estampida que causó el pánico, o bien gente que fue empujada o se cayó desde lo alto de las gradas, dijeron testigos y miembros de los equipos sanitarios.

Las imágenes de televisión mostraron cómo algunos agentes de seguridad en el estadio no hacían nada por impedir la invasión del campo. Un agente fue filmado, mientras las personas saltaban al campo, hablando por el móvil.

Varios políticos y ciudadanos egipcios airados acusaron a los oficiales que aún están en sus puestas tras la caída de Mubarak de complicidad en la tragedia, o al menos de permitir un vacío de seguridad que ha facilitado la propagación de la violencia en los últimos 12 meses.

"Las fuerzas de seguridad hicieron esto o permitieron que pasase. El jefe del régimen ha caído pero sus hombres aún están en sus puestos", dijo Albadry Farghali, un miembro del parlamento en Port Said, gritando en una llamada telefónica en directo a la televisión.

Algunos culparon de la violencia a los "ultras", aficionados del equipo Al Ahli cuya experiencia en enfrentarse a la policía en los partidos de fútbol tuvo un gran protagonismo en las revueltas de la 'primavera árabe' contra Mubarak.

Jugaron un papel muy importante en la defensa de la Plaza Tahrir de El Cairo, el corazón de la revuelta, cuando hombres a lomos de camellos o caballos cargaron contra los manifestantes el pasado año. El jueves es el aniversario de la tristemente famosa carga de camellos del 2 de febrero.

"Todo lo que ha ocurrido no ha sido por el juego. Es político. Estaba orquestado por la junta militar para ir contra los 'Ultras'", dijo Abdulah el-Said, un conductor de 43 años en Port Said. "La junta militar quería castigar a los ultras por apoyar a los manifestantes desde el principio de la revolución".

Aún así, muchos egipcios siguen viendo al Ejército como el único garante de la seguridad. Cuando un grupo de activistas coreaban eslóganes contra el Ejército en el exterior de un hospital, un hombre se encaró diciendo: "La seguridad tiene que volver a las calles. Basta ya de todas esas protestas que provocan este vacío de seguridad", gritó.

Los Hermanos Musulmanes, cuyo Partido de Justicia y Libertad logró la mayoría en el parlamento, atribuyeron a una mano "invisible" la violencia y dijeron que las autoridades fueron negligentes.

"Nos tememos que algunos mandos están castigando a la gente por su (actitud) revolucionaria y por impedirles seguir actuando como tiranos y acabaron con sus privilegios", dijo el partido islámico.