Kabul. El presidente Hamid Karzai instó este lunes a los talibanes en Afganistán a terminar los combates tras la muerte de Osama Bin Laden, el cerebro de los ataques del 11 de septiembre descrito por algunos afganos como el "mártir número uno" de Al Qaeda, pero quizás sus pedidos no sean escuchados.

La reacción a la muerte de Bin Laden fue apagada en todo Afganistán, donde los enfrentamientos continuaban desde que Al Qaeda lanzó los ataques del 11 de septiembre del 2001, en contraste con las escenas de festejo vistas en las calles de Washington y otras ciudades de Estados Unidos.

Analistas ven la matanza de Bin Laden como altamente simbólica, pero dicen que es improbable que tenga un efecto inmediato sobre la política estadounidense o la guerra mundial contra la militancia islámica tras los ataques del 11 de septiembre.

Varias personas en Kandahar, el lugar de nacimiento de los talibanes, también dudaban de que la muerte de Bin Laden tuviera un impacto significativo contra una insurgencia que ha crecido dramáticamente en números en los últimos 18 meses.

"Ahora es el mártir número uno para Al Qaeda porque es más fuerte muerto que vivo", dijo un hombre que prefirió no ser identificado en la ciudad sureña de Kandahar.

"El siempre predijo que sería asesinado por estadounidenses. Ahora se transformará en un fuego que los musulmanes seguirán durante generaciones", agregó el hombre de barba tupida.

Karzai dijo varias horas después de que Washington anunció la muerte de Bin Laden que la operación mostraba que la guerra contra el terrorismo "no estaba en los pueblos afganos".

Pero también dijo que los talibanes en Afganistán deben aprender de su muerte. Bin Laden fue albergado por los talibanes en el sur de Afganistán en los años previos a los ataques del 11 de septiembre.

"Insto a los talibanes a aprender la lección del incidente en Abbottabad y a abstenerse de luchar y la destrucción de su propio país", dijo Karzai en una rueda de prensa en Kabul.

"Con el incidente en Abbottabad que ocurrió este domingo, espero que (...) en un año o dos este país esté en paz y con prosperidad", agregó el mandatario.

Sin embargo, Estados Unidos imprimió un tono más cauteloso, con su embajador en Kabul haciéndose eco de los comentarios previos de Obama de que la muerte de Bin Laden no significaba el fin de la violencia de los militantes islámicos.

"Esta victoria no marcará el fin de nuestro esfuerzo contra el terrorismo. El fuerte apoyo de Estados Unidos al pueblo de Afganistán continuará como antes", dijo el embajador Karl Eikenberry en un comunicado.

Las tropas lideradas por la OTAN han prometido comenzar una retirada gradual de las tropas de combate a partir de julio como parte de un plan para entregar la responsabilidad de la seguridad en el país a las fuerzas afganas para fines del 2014.

Algunos diplomáticos occidentales en Afganistán piensan que la muerte de Bin Laden ayudará al menos en los planes para apoyar la paz y la reconciliación en el país.

"Podría cambiar el juego al impulsar la moral y la confianza en Estados Unidos y la comunidad internacional", dijo Vygaudas Usackas, el embajador de la Unión Europea en Kabul.