Aman. El presidente sirio Bashar al-Assad, quien afronta la crisis más grave en sus 11 años de mandato, desplegó al Ejército por primera vez en casi dos semanas de protestas después de que 12 personas murieran en la población portuaria de Latakia, en el noroeste del país.

Se prevé que Assad, de 45 años, se dirija pronto a la nación luego de mantenerse en silencio desde que comenzaron las protestas que recorren Siria, dijeron funcionarios sin dar más detalles.

Decenas de personas han muerto en manifestaciones a favor de la democracia en la ciudad sureña de Deraa y en la vecina Sanamein, así como en Latakia, Damasco y otras localidades durante la última semana.

El gobierno culpa a grupos armados de desencadenar el derramamiento de sangre.

El ministerio del Interior instó a los ciudadanos a ignorar los menajes de texto y panfletos que les animaban a unirse a una manifestación en la plaza Umayad de Damasco este domingo por la noche por su propia seguridad.

En un mensaje en la televisión estatal, el ministerio pidió a la gente que no respondiera a los llamados, que calificó como "tendenciosos" y "falsos".

Los soldados tomaron las calles de Latakia este sábado por la noche para ayudar a la policía secreta y las fuerzas de seguridad a controlar la ciudad portuaria, dijeron residentes.

El Ejército también fue reforzado en los puntos de control en las inmediaciones de Deraa, donde grupos de derechos humanos dicen que 61 personas han muerto.

"Existe la sensación en Latakia de que se necesita la presencia de tropas disciplinadas para mantener el orden", dijo un residente a Reuters. "No queremos saqueos", aseveró.

La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, dijo este domingo que Estados Unidos deploraba el derramamiento de sangre en Siria pero que no cabía esperar una intervención al estilo de la que se está llevando a cabo en Libia.

El descontento en Siria comenzó después de que la policía detuviera a más de una decena de escolares por realizar un grafiti inspirado por las protestas a favor de la democracia en el mundo árabe. En las manifestaciones, se escuchaba el grito: "El pueblo quiere la caída del régimen".

Tales manifestaciones habrían sido impensables hace un par de meses en el país, uno de los más controlados del mundo árabe, donde el Partido Baath lleva en el poder casi 50 años. La moderna Siria obtuvo su independencia de Francia en 1946.

Assad, educado en Reino Unido, se comprometió públicamente este jueves a estudiar conceder un mayor libertad pero esto no ha conseguido atenuar las protestas, alentadas por las insurrecciones en Egipto y Túnez.

Bouthaina Shaaban, asesora de Assad, dijo a la cadena Al Jazeera que la ley de emergencia odiada por los reformistas sirios por los amplios poderes que concede a las fuerzas de seguridad, será anulada, pero no proporcionó un calendario.

Algunos abogados dicen que la ley de emergencia ha sido usada por las autoridades para justificar una gran cantidad de detenciones arbitrarias y juicios a puerta cerrada, y dar rienda suelta a la policía secreta y el aparato de seguridad, que han comprometido gravemente el imperio de la ley.

Intento por aplacar las protestas. En otra iniciativa para aplacar las protestas, las autoridades sirias liberaron este domingo a la activista política Diana Jawabra, dijo su abogado, junto a otras 15 personas que fueron arrestadas por participar en una protesta silenciosa para pedir la liberación de los niños responsables del grafiti.

Esa decisión se produjo tras la noticia de la liberación de 260 prisioneros políticos.

Assad también afronta llamados a contener el dominante aparato de seguridad, liberar a los prisioneros políticos y revelar el destino de decenas de miles de disidentes que desaparecieron en la década de 1980.

También ha habido protestas en Hama, una ciudad del norte del país donde en 1982 las fuerzas del presidente Hafez al Assad, padre de Bashar, mataron a miles de personas y destrozaron gran parte del barrio antiguo para acabar con una insurrección de los islamistas Hermanos Musulmanes.

Analistas de Medio Oriente se han negado a descartar una dura represión para aplacar las protestas, mientras otros dicen que los manifestantes sirios han vencido la barrera del miedo.

La élite siria está dominada por miembros de la minoría alauí, un rama del Islam chií a la que pertenece Assad, un hecho que causa resentimiento entre los suníes, que conforman tres cuartos de la población. Latakia es mayoritariamente suní, pero tiene un número significativo de alauíes.