Moscú. El presidente ruso, Dmitry Medvedev, culpó este martes a la gerencia aeroportuaria por los fallos de seguridad por los cuales un suicida con una bomba pudo matar a 35 personas en el aeropuerto más activo del país y herir a decenas más.

Nadie ha reivindicado aún la autoría del atentado de este lunes en el aeropuerto de Domodedovo, pero la acción tiene todas las características de los ataques de los extremistas que luchan por un estado islámico independiente en la región del norte del Cáucaso, en la frontera sur de Rusia.

"Obviamente es un acto terrorista que fue bien planeado con antelación para causar la muerte de tantas personas como fuera posible", dijo Medvedev.

El atacante sorteó las medidas de seguridad y llevó los explosivos a la sala de llegadas de vuelos internacionales del aeropuerto, a donde salen los viajeros tras recoger sus maletas, causando una masacre y llenando la sala de humo.

Según una lista del ministerio de Emergencias, entre los muertos hay ocho extranjeros: dos británicos, un alemán, un búlgaro, un kirguís, un tayiko, un uzbeco y un ucraniano.

Medvedev indicó que la gerencia del aeropuerto Domodedovo deberá responder por el atentado. "Lo que ha ocurrido muestra que hubo claras violaciones de la seguridad", agregó.

Las normas de seguridad aeroportuaria fueron reforzadas después de que unos suicidas se inmolaron en dos aviones que despegaron de Domodedovo en 2004, causando la muerte de 90 personas, destacó.

"Por desgracia -tenemos esa desgracia- muchas veces no aplicamos ni siquiera las leyes más importantes", agregó.

Posteriormente, dirigiéndose a oficiales de seguridad, ordenó a las autoridades llevar a los culpables a la justicia y destruir sus organizaciones y pidió la destitución de los funcionarios responsables de la seguridad en los transportes.

Los rebeldes del Cáucaso norte han amenazado con cometer atentados contra ciudades y blancos económicos antes de las elecciones parlamentarias de este año y de las presidenciales del 2012.

Haber perpetrado un ataque en Domodedovo, con la muerte de varios extranjeros, sugiere que los atacantes buscaban provocar la incertidumbre más allá de las fronteras rusas, según analistas.

Rusia organizará los Juegos de Invierno del 2014 en Sochi, una zona cercana al Cáucaso que algunos extremistas consideran parte del territorio que quieren para su estado islámico. El país también será anfitrión del Mundial de fútbol del 2018.

Un investigador citado por la agencia de noticias Itar-Tass dijo que el autor fue al parecer un hombre grueso de entre 30 y 40 años. Otras noticias dieron información divergente sobre la identidad del supuesto atacante, ya que algunos dijeron que pudo ser una mujer y otros que hubo dos suicidas.

El Aeropuerto de Domodedovo dijo que no era responsable por la explosión.

"El aeropuerto mantiene que no deberíamos ser considerados responsables de la explosión, porque, repito, cumplimos totalmente con todos los requisitos en el ámbito de la seguridad en el transporte aéreo de los que somos responsables", dijo la portavoz Yelena Galanova en unas declaraciones televisadas.

El presidente ruso, que iba a inaugurar este miércoles el Foro Económico Mundial, retrasó su partida a la localidad suiza de Davos, donde pretende atraer inversión extranjera.

Analistas han dicho que lo ocurrido podría perjudicar los intentos del Kremlin de reformar una economía dependiente de la energía, especialmente con unas elecciones a la vista.

Violencia nacionalista. El primer ministro, Vladimir Putin, el más poderoso en el "tándem" de liderazgo político del país, se hizo una reputación de dirigente fuerte con la guerra que lanzó en Chechenia a finales de 1999 para derribar al Gobierno secesionista en la hasta entonces república autónoma.

Aunque la guerra logró su objetivo inmediato y le ayudó a ganar la presidencia meses después, desde entonces, la insurgencia se ha expandido a las áreas vecinas de Ingusetia y Daguestán.

La situación en el Cáucaso se ha endurecido, fomentando facciones extremistas que son difíciles de controlar.

Putin y Medvedev han dicho que aplastarán a los movimientos rebeldes, y aunque han destinado mucho dinero en una región empobrecida, en ocasiones su control sobre el área parece débil y los atentados han continuado.

En marzo del año pasado, dos mujeres de Daguestán se inmolaron en el metro de Moscú, dejando a 40 personas muertas.

Otros atentados podrían incrementar la presión para que Putin vuelva a la presidencia el próximo año.

La expansión de la violencia desde el Cáucaso norte, alimentada por una combinación de corrupción, pobreza y rivalidades entre clanes así como el radicalismo religioso, ha avivado la militancia nacionalista en el corazón de Rusia.

Las tensiones entre los rusos étnicos y los 20 millones de musulmanes que representan una séptima parte de la población se incrementaron dramáticamente el mes pasado en una serie de choques, con nacionalistas rusos que atacaron a transeúntes de apariencia no eslava, muchos de ellos procedentes del Cáucaso norte. Los incidentes causaron alarma en el Kremlin.

El martes, aumentó la presencia de agentes de seguridad en estaciones de trenes y aeropuertos, que llevaban a cabo controles sobre personas que tuvieran aspecto caucásico.

El peor hecho que involucró a rebeldes del Cáucaso Norte ocurrió en 2004 cuando milicianos asumieron el control de una escuela en Beslán. Cuando tropas rusas asaltaron el edificio intentando poner fin al sitio, 331 rehenes, la mitad de ellos niños, murieron.