Trípoli. Los rebeldes libios anunciaron una iniciativa para gobernar el país desde Trípoli, mientras combatían reductos de leales al fugitivo Muamar el Gaddafi, que volvió a arremeter en su contra desde su escondite.

Los rumores de que Gaddafi o sus hijos habían sido acorralados, o incluso vistos, surgieron entre emocionados rebeldes que intercambiaban fuego de ametralladoras y cohetes.

Pero dos días después de que tomaron control de su cuartel general en Trípoli, las esperanzas de un rápido final de seis meses de guerra seguían siendo frustradas por una feroz acción de retaguardia.

Las potencias occidentales exigieron la rendición de Gaddafi y trabajaban para liberar fondos estatales libios congelados, con los que buscan aliviar los efectos de la guerra en pueblos que han quedado destruidos y desarrollar las ricas reservas de petróleo en un país que ha pasado 42 años bajo el culto a la excéntrica personalidad de Gadafi.

Estados Unidos y Suráfrica alcanzaron un pacto para liberar US$1.500 millones en fondos congelados para ayuda humanitaria y otras necesidades civiles, según diplomáticos.

Pero mientras las fuerzas leales a Gaddafi resisten en la capital, en la ciudad natal del líder y en el desierto, la violencia podría seguir por algún tiempo, poniendo a prueba la capacidad de mantener el orden de quienes ostentan el gobierno y han sido reconocidos como la autoridad legítima de Libia por varios países del mundo y organismos internacionales.

"Proclamo el inicio de la reanudación del trabajo de la oficina del Ejecutivo en Trípoli" dijo en la capital Ali Tarhouni, encargado de los asuntos petroleros y financieros del consejo rebelde.

El cambio es considerado un paso crucial a la hora de cerrar las grietas en el país, fragmentado por divisiones regionales y tribales, particularmente entre el este y el oeste.

Ataques aéreos. El coronel Hisham Buhagiar de los rebeldes dijeron que estaban buscando en varias áreas para localizar a Gaddafi: "Estamos enviando fuerzas especiales cada día a buscar a Gaddafi. Solo una unidad hace inteligencia, el resto lo buscan".

Una cadena pro-Gaddafi dijo que aviones de la OTAN habían bombardeado la ciudad natal del mandatario, Sirte, uno de sus últimos bastiones. Mientras que el ministro de Defensa británico dijo que la OTAN facilitaba elementos de inteligencia para ayudar a los rebeldes a localizar a Gaddafi, el departamento de Estado de EEUU dijo que ni la OTAN ni Washington estaba implicado en la persecución.

Los líderes rebeldes, que han ofrecido una recompensa de un US$1 millón por Gaddafi, afirman que la guerra sólo acabará cuando se le encuentre "vivo o muerto".

En un distrito del sur cerca de la famosa prisión de Abu Salim, las fuerzas rebeldes lanzaron un asalto concertado, registrando casa por casa y tomando prisioneros. En otros puntos, fuerzas pro-Gadafi bombardearon posiciones rebeldes en el aeropuerto de Trípoli.

Quizá unos cientos de leales a Gaddafi mantenían a raya a los combatientes rebeldes libios, que entraron en Trípoli el domingo y ahora corrían de un sitio a otro, disparaban rifles de asalto, ametralladoras y cañones antiaéreos atornillados en la parte posterior de camionetas.