Copiapó, Chile. Algunos de los mineros rescatados en Chile se reencontraron este domingo con la mina donde permanecieron sepultados por más de dos meses y agradecieron con una ceremonia religiosa una hazaña que consideran un "milagro".

Los operarios comenzaron el fin de semana a volver a enfrentarse a la luz del sol sin los lentes que usaron para adaptarse en los primeros días en la superficie y a lidiar con la persecución de un enjambre de periodistas que busca saber detalles de su encierro a 700 metros bajo tierra.

La celebración religiosa, con líderes de varios credos, fue realizada en el mismo lugar en el que comenzó su tragedia, la mina de San José, donde un derrumbe los dejó casi 70 días sepultados hasta que un complejo e inédito operativo de rescate los llevó el miércoles de vuelta a la superficie.

En una mañana nublada, un grupo de 13 mineros y sus seres queridos recorrieron las improvisadas y ahora despobladas calles del "Campamento Esperanza", el sitio fuera de la mina donde las familias se instalaron a esperar el rescate y que se pobló de periodistas de todo el mundo en el último tramo del operativo.

"Es muy bonito estar acá, ver donde estuvieron nuestros familiares", dijo Luis Urzúa, jefe del turno del siniestrado grupo de mineros, antes de entrar a la ceremonia que se realizó en una carpa blanca y en la que participaron líderes católicos y protestantes.

Mientras se escuchaban cantos religioso, algunos familiares aprovechaban para recoger los toldos en los que esperaron ansiosos.

La mayoría de los mineros se aferró a la fe durante su encierro obligado y salió a la superficie vistiendo una camiseta con leyendas religiosas.

La hija del minero Mario Gómez, Romina, dijo al llegar a la ceremonia religiosa que la vida espiritual de su padre dio un vuelco desde el accidente el 5 de agosto que los dejó sepultados a oscuras en una caverna húmeda y rocosa.

"El ahora habla muy bien de Dios, reza mucho, algo que no era tan así antes", dijo la joven de 20 años.

Los mineros han guardado silencio respecto a la peor parte de su odisea, cuando pasaron 17 días incomunicados y comiendo pequeñas porciones de pescado y galletas para sobrevivir.

Varios de los mineros que no fueron este domingo habían manifestado su resquemor a regresar al sitio de la tragedia y otros ni siquiera creen posible volver a trabajar en una mina subterránea.

Protestas. Una veintena de trabajadores de la empresa San Esteban también llegaron hasta el lugar donde se emplazaba el campamento Esperanza para protestar por el no pago de sus finiquitos.

Las familias de los 368 empleados de la minera afirmaron que se tomarán el lugar, al que ya bautizaron como campamento Villa Esperanza II, a la espera de que la compañía les pague los dineros adeudados.

Los manifestantes están preocupados por la situación de la firma, la que inició los trámites para declararse en quiebra, por lo que temen no recibir los dineros en un corto plazo o en cuotas, ya que tampoco se les ha pagado sus sueldos de los 70 días que sus compañeros estuvieron atrapados al interior del yacimiento.