Río de Janeiro. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se mostró hoy esperanzada de que haya una "caída vertiginosa" del mosquito Aedes aegypti, el transmisor del zika y el dengue, durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que se celebrarán en agosto, en pleno invierno austral, la época de menos intensidad del insecto.

La mandataria visitó hoy una fábrica en Juaziero, estado de Bahía (nordeste del país) donde se crean mosquitos Aedes aegypti transgénicos para controlar el insecto, ya que sus larvas mueren antes de llegar a la fase adulta.

Ante un grupo de niños, Rousseff explicó que en el mes de agosto "disminuirá la capacidad del mosquito" de proliferación, pero recalcó que aún así el Gobierno tomará todas las precauciones para que el brote no afecte los Juegos Olímpicos.

La jefa de Estado agregó que las autoridades brasileñas alertarán a todos los turistas que lleguen para acompañar la cita olímpica para que usen repelentes y mangas largas, sobre todo en el caso de las embarazadas, para quienes el virus puede tener consecuencias más graves.

En el mismo acto, Rousseff dio una aula a los alumnos sobre los riesgos del mosquito, que prolifera en aguas limpias y estancadas y se ha convertido en uno de los principales caballos de batalla del Gobierno brasileño, si bien dejó claro que "el mosquito no puede ser más fuerte que un país entero".

Brasil se encuentra en estado de emergencia sanitaria por la expansión del virus zika, que aunque no está demostrado, se sospecha que es el causante de los miles de casos de microcefalias registrados, lo que ha alarmado a todas las autoridades.

Por eso, desde ayer, los médicos y centros de salud están obligados a informar a las autoridades sanitarias de los casos sospechosos de zika que atiendan.

Según el último boletín médico de esta semana, el país sudamericano registraron desde octubre del año pasado 5.280 posibles casos de bebés con microcefalia o alteraciones del sistema nervioso, de los que 508 ya fueron confirmados.