Al Asad, Irak. El capitán Jason Dupuis tuvo que hablar con un psicólogo sobre su experiencia en el fragor de la batalla, después de resistir ataques con morteros y disparos de rebeldes en el punto más álgido de la violencia tras la invasión a Irak encabezada por Estados Unidos.

Pero desde que regresó a Irak hace tres meses, el soldado de 30 años oriundo de Luisiana no ha dejado la base aérea al-Asad en la provincia de Anbar, al oeste del país. Su rol como asesor de las fuerzas de seguridad iraquíes no se lo ha requerido.

"Me genera un poco de inquietud (...) Uno ve a todos sus hermanos y hermanas luchando en Afganistán y desearía poder estar allí (...) Es raro. Soy como un animal enjaulado", dijo Dupuis, quien fue previamente desplegado en Irak en el periodo del 2007 y el 2008.

Estados Unidos entregó en agosto todos los deberes de combate a las fuerzas de seguridad iraquíes, a fin de adoptar su rol de asesoramiento y asistencia para el Ejército y la policía iraquíes. Los soldados todavía reciben disparos de tanto en tanto y siguen devolviendo la hostilidad.

Pero las fuerzas estadounidenses no han sido legalmente capaces de llevar a cabo operaciones unilaterales en Irak desde que entró en vigencia un pacto de seguridad bilateral en el 2009, y la mayor pasó a entrenar a iraquíes cuando se retiraron de las ciudades el 30 de junio de 2009.

En al-Asad, además de la capacitación, soldados estadounidenses asisten al Ejército iraquí con logística y proveen de apoyo en materia de inteligencia.

En la sala de clases. El sargento Kenneth Stover salió en patrullas en busca de "blancos de alto valor" en su despliegue en Irak entre el 2007 y el 2009. Ahora se dedica a enseñar a los soldados iraquíes en la base sobre primeros auxilios de emergencia.

"Fue un papel totalmente diferente cuando salíamos en buscar de elementos que pusieran en riesgo a las fuerzas estadounidenses y a nuestros aliados y a la coalición", dijo, mientras se aprestaba a enseñar cómo liberar las vías respiratorias de una persona.

"Ellos (los iraquíes) fueron exactamente quienes nos ayudaron a irrumpir en el país per se, pero ahora, estos muchachos constituyen la principal fuerza y acción. Así que son ellos los están en la calle pateando puertas y nosotros estamos aquí sentados, mirándolos mientras entran en acción", dijo Stover.

Aunque los soldados estadounidenses aún son entrenados para el combate antes de viajar a Irak, rara vez salen a patrullar.

Al sargento mayor Jeffrey Dillingham, quien ha sido desplegado en Irak tres veces y una vez en Afganistán, le resulta extraño no poder tomar el control de una situación y a su vez permitir a los soldados iraquíes tomar las decisiones.

"Vengo haciendo esto desde hace siete años y cada vez es un poco diferente. No hay duda de que los iraquíes están a cargo ahora", dijo Dillingham, cuyo padre y abuelo también estuvieron en el Ejército de Estados Unidos.

Los 50.000 soldados estadounidenses restantes deben ser retirados de Irak para fines del 2011.

Dupuis y otros soldados en al-Asad hicieron estos comentarios poco antes de que el sitio de denuncia WikiLeaks publicara casi 400.000 archivos del Ejército estadounidense sobre la guerra en Irak, que aportó un punto de vista del conflicto sin precedentes.

Los archivos, mayormente de los comandantes de campo estadounidenses, describían los abusos generalizados a prisioneros por parte de las fuerzas iraquíes, que oficiales militares estadounidenses conocían pero nunca investigaron.

Funcionarios en Washington dijeron que las filtraciones ponían en peligro a las tropas estadounidenses y amenazaban con poner en riesgo a unos 300 colaboradores iraquíes al revelar sus identidades.