Shadadkot. Nuevas inundaciones amenazan con causar más desastres en zonas del sur de Pakistán, en una catástrofe que ha aumentado la impopularidad del gobierno y podría ayudar a las milicianos islamistas a ganar más simpatías.

Las peores inundaciones en Pakistán en décadas han destruido pueblos y puentes, inutilizó caminos, mató al menos a 1.600 personas, dejó a más de 4.000.000 sin hogar y generan preocupación porque los milicianos podrían aprovechar para explotar la miseria y el caos.

Saleh Farooqui, director general de la oficina gubernamental que hace frente al desastre en la provincia sureña de Sindh, dijo que las inundaciones han golpeado por lo menos a cuatro distritos, incluidas áreas urbanas, obligando a unas 200.000 personas a huir en busca de tierras altas en las últimas 24 horas.

"La parte sur de Sindh es nuestro foco de atención. Hemos dirigido nuestros recursos para operaciones de rescate hacia esa área", dijo el funcionario a Reuters por teléfono.

Las autoridades esperan que las aguas cedan en todo el país en los próximos días, mientras los últimos torrentes fluviales desaguan en el Mar Arábigo, reportó la agencia estatal de noticias APP.

Pero cuando eso ocurra, casi con seguridad millones de pakistaníes querrán que el gobierno, que ya atravesaba problemas por una economía débil antes de la inundación, cubra las necesidades de viviendas y compense por las pérdidas en ganado y cosechas.

El gobierno ha sido acusado de moverse demasiado lento y organizaciones caritativas islamistas, algunas con supuestos lazos con grupos milicianos, han respondido con prontitud para llevar asistencia a los pakistaníes, frustrados con el desempeño de las autoridades en materia de economía y seguridad y por los crónicos cortes de suministro eléctrico.

Pakistán ha dicho que congelará algunos proyectos de desarrollo para desviar recursos a las tareas de respuesta las inundaciones y la reconstrucción tras el desastre.

La inundación se ha ido propagando por el cordón arrocero en el norte de Sindh distrito tras distrito, rompiendo o rebalsando diques. La gente también ha destruido terraplenes y caminos para desviar el agua lejos de sus hogares.

Medio millón de personas está viviendo en unas 5.000 escuelas en áreas arrasadas por las inundaciones, donde las pobres condiciones sanitarias y de higiene, junto al hacinamiento y el calor, brindan terreno fértil para brotes de enfermedades potencialmente mortales como el cólera.

Naciones Unidas ha advertido que hasta 3,5 millones de niños podrían estar en peligro de contraer enfermedades mortales contagiadas a través de aguas contaminadas e insectos.