Copiapó. El primer socorrista que bajó los 622 metros para liberar a los 33 mineros atrapados en Chile, una imagen que conmocionó a millones en el mundo, recibió aplausos, un ¡Viva Chile! y unos besos al llegar a las profundidades de la montaña.

Manuel González, el especialista minero que fue el primero de los seis expertos en bajar a la mina para asistir a los operarios, sonríe cuando recuerda qué es lo primero que escuchó cuando llegó al fondo del yacimiento.

"No lo puedo reproducir, es jerga minera", sonrió González al relatar su experiencia junto al resto del equipo de rescate en una conferencia de prensa.

Pero sí puede contar que tuvo "aplausos, un Viva Chile, unos besos por ahí, fue muy fuerte para mí emocionalmente".

Una de las cosas que más le impactó de ese mundo subterráneo fueron las condiciones en la cuales se encontraban los mineros, que soportaron temperaturas de 40 grados centígrados y alto niveles de humedad.

"Imagínese lo que es vivir 70 días en estas condiciones", apuntó González, que trabaja hace 20 años en minas subterráneas.

"La gente andaba semidesnuda, para nosotros fue impresionante, uno realmente dimensiona las condiciones en que viven y eso que los vi cuando estaban con comunicación más o menos regular", agregó.

González fue el primero que bajó a la mina y el último que se fue. Pasó 25 horas en el sitio donde los mineros vivieron casi 70 días. Y cuando terminó el operativo de rescate, se quedó solo en ese sitio que muchos han descrito como un infierno.

El socorrista se quedó poco menos de media hora solo en el sitio, donde leyó un libro de oraciones que tenían los mineros, pensó en su familia, los amigos y el trabajo que había realizado.

"Estaba feliz por haber logrado un trabajo muy importante", concluyó.